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Proporciones de los despropósitos

Martín Onti: Proporciones de los despropósitos

MADRID, España.- Que el dinero es dueño del fútbol no puede ser negado puesto que es una verdad en sí misma, demostrable desde los emolumentos repartidos entre las ligas más poderosas del mundo y entre las instituciones más sobresalientes de esas mismas ligas a que nos referimos.

Inglaterra, España, Alemania, e Italia, con o sin permiso de federaciones menores como Francia y Portugal por mencionar sólo a algunas de fuste discutible, son los amos del tinglado europeo en relación al poder que otorgan a aquellos las inversiones que se realizan en torno al balón. El hecho de que se destinen tantos elucubrados gastos en las cuatro plazas mencionadas, deviene de un estudio del mercado que no ha nacido ayer en el fútbol mundial, sino hace mucho más tiempo atrás, desde cuando la última de este selecto grupo, Italia, era fuerte en este deporte.

En ese entonces, ya casi obsoleto en el recuerdo, sus figuras le permitían lucrar con los derechos de televisión, algo que ya no existe en un Calcio venido a menos y colapsando cada vez más en el interés del público por ver partidos del torneo local donde sólo la Juventus parece resistirse a la debacle futbolística e institucional. La corrupción y la avaricia, como enclaves primarios, han terminado eclipsando el juego al punto de ser catalogado en el consenso internacional como un fútbol de interés menor para las ávidas inversiones que se intentan implementar para lucrar rápidamente.

Alemania es un caso diferente, allí el medido costo de la admisión a los estadios está sosteniendo una Bundesliga que ha tenido, sin embargo, el mismo cacique durante el pasado lustro. El Bayern de Múnich se lleva la gran mayoría de conquistas germanas, y que de nos ser por los caprichos de su técnico sería el único terrateniente a combatir. El absolutismo de su poder, centrado en las inversiones paralelas a la repartija de derechos que otorga la Federación Alemana de Fútbol le da a la entidad bávara la supremacía indiscutible.

En España se insiste en el crecimiento bipolar de su liga con las desproporcionadas sumas que mantienen al Barcelona y al Real Madrid en lo más alto del sustento económico brindado por la televisión, con el apoyo de la Real Federación Española de Fútbol y donde entidades como el Atlético de Madrid y el Valencia, poco menos el Sevilla, se debaten a brazo partido para no perder la estela de un negocio sostenido principalmente por Lionel Messi y Cristiano Ronaldo.

Inglaterra ha mantenido, a través de los años, una línea propia del carácter británico con el equilibrio de un pueblo acostumbrado a venerar el juego por tradición. Estadios a rebozar en casi todos los encuentros de sus torneos se han visto reforzados por la intervención económica foránea en el medio de un presagio que anunciaba su deterioro exponencial e, inteligentemente, instituciones de otrora gran arraigo inglés como el Chelsea, el Arsenal, y los Manchester han sabido aprovechar la bondad de sabios negociantes para mantenerse en el grupo de liderato expuesto.

El resto del mundo futbolístico, desde la perspectiva especulativa, sencilla y llanamente cuenta muy poco porque apenas interesa a los inversionistas de ocasión que sólo miran el negocio desde su lógico afecto al poder económico.

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