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Martín Onti: La felicidad que nos da el juego

En torno al fútbol la felicidad puede ser contemplada y disfrutada desde variados ángulos. La dicha completa más conocida, en la generalidad del concepto, puede que los estudiosos de este deporte la deban remontar a etapas en que sus experiencias personales se hayan sentido complacidas por el momento, la idea, el juicio y la aceptación. 
 
En el plano de selecciones nacionales algunos se regocijarán con el Wunderteam austríaco de Hugo Meisl, otros con el Brasil del ’70 de Mario ‘Lobo’ Zagallo o habiendo apreciado a la Holanda de Rinus Michels. A nivel de clubes, el Milan AC de Arrigo Sacchi habrá sido el éxtasis para aquellos privilegiados, o el Ajax de Louis van Gaal para otros y el Barcelona de Josep Guardiola para los últimos amantes de este juego.
 
La felicidad en el fútbol entiende de partes que hacen al todo de este deporte. Así como mencionamos a equipos que nos hicieron sentir afortunados a lo largo de la historia de cada uno, ha habido jugadores que se han pronunciado satisfechos en el campo, eficaces en su entrega y venturosos en la recepción que su trabajo provocaba en ellos mismos, en sus pares y en los aficionados.
 
Tampoco precisamos irnos tan atrás en los planos personales para explicar el traspaso de la felicidad gracias al fútbol. Di Stéfano, Pelé, Cruyff, Maradona y hasta Zinedine Zidane, son un claro ejemplo de tiempos no muy lejanos que nos remontan a ver dibujada una sonrisa en nuestros rostros y redescubrir el placer del juego en el alma.
 
No hace tanto, de semana en semana Cristiano Ronaldo y Lionel Messi nos metían en ese mundo maravillosos del que hablamos. Hoy, no me animo a aseverar que esa alegría vaya a perdurar mucho más. No solamente por el paso inapelable de los días sino también por el que esos subliminales mensajes que ellos lanzan inconcientemente, me temo que aquella tan mentada felicidad vaya opacándose y ausentándose por la falta de apropiados sucesores contemporáneos.
 
Si medio en broma, y con bastante de certeza, debemos arriesgar que Cristiano Junior y Thiago Messi apuntan a relevar la notoriedad de sus progenitores en el futuro, significa que en este presente, y sin nadie despuntando en el firmamento del fútbol internacional como para reemplazarles adecuadamente, la felicidad del juego deberá esperar bastante más para que podamos volver a disfrutar de ella.
 

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