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Martín Onti: Eden Hazard

Lejos del significado del nombre Eden, en español, ese primer nombre propio queda aún muy lejos, por ahora, de lo que nos ha dejado apinar el futbolista belga en cinco encuentros amistosos que lleva disputados con el Real Madrid. Entendíamos, sólo en un principio, la parsimonia físico-técnica-táctica que mostraba el ex jugador del Chelsea, teniendo en cuenta que las exigencias atléticas le pasaban factura a toda la plantilla merengue, sin distinción ni excepción de hombres ni de nombres.

Sin embargo, tras cinco encuentros en los que Zinedine Zidane le ha utilizado, Eden Hazard sólo ha mostrado destellos aislados de aquel gran organizador y definidor de juego que vimos en el conjunto inglés por más de un lustro y, también, en su seleccionado nacional de Bélgica, cuando en la Copa del Mundo de Rusia 2018 su actuación rozara la excelencia del fútbol que propuso aquella escuadra que dirigió el español Roberto Martínez para conquistar un loable como histórico 3º puesto.

Pues bien, con toda una larga lista de antecedentes remarcables que nos hacían presagiar un éxito inmediato al calzarse la camiseta blanca, la decepción le ha ganado a la opinión primaria que nos formamos sobre Hazard. A posteriori, la duda nos asalta ahora en la imaginación de lo que deberíamos esperar tras esta nueva entrega que nos brindó el belga ante el Fenerbahçe turco, en ese tercer agriado puesto de la Audi Cup celebrada en el Allianz Arena de Múnich que se adjudicó la institución madrileña.

Sinceramente, no se comprende muy bien todavía la ausencia de aquella explosividad física que solía sumar a su exquisitez en la visión de juego; ni esa inteligencia táctica que admirábamos en la búsqueda de espacios ofensivos; su ubicuidad en el campo siendo la solución del pase en la antesala al gol que se apinaba cuando el balón llegaba a sus botas; y finalmente, la resolución de cara a someter la portería adversaria con efectividad.

Bajo las condicionantes de una dura pretemporada, y teniendo en cuenta de quién hablamos, la extensión de un cheque en blanco es obligatorio cuando se trata de un jugador como Hazard. No es lo mismo deshilvanar el rendimiento de jovenzuelos que quieren ‘comerse el mundo’, como el brasileño Rodrygo Goes o el japonés Takefusa Kubo por ejemplo, que hacerlo con una figura ya consumada como el belga. Por sus logros, Eden Hazard merece un respeto y tratamiento diferenciado, y eso es precisamente lo que hacemos. Nobleza obliga.

Martín Onti

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