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Martín Onti: Una larga y penosa historia

Señalar un día de inicio en las rupturas de las relaciones humanas puede no acercar la solución al problema. El fondo de los malos entendidos que llevan a la destrucción de tales relaciones, puede muy bien no tener arreglo desde el diálogo y el final de una situación estar destinada al fracaso de no mediar intervenciones tan extremas como radicales.
 
La larga historia de Jose Mourinho tiene páginas enteras de fundamentos que, dependiendo de quien las lea, podrían ser usadas para favorecer al estratega portugués aunque también, de igual manera, para sentenciarle. Su última víctima no tiene visos de marcar el final de un variado listado que la inconsistente conducta de ‘Mou’ no se preocupa en quitar de su cartelera. 
 
El francés Paul Pogba, uno de sus capitanes destituido del cargo, se presenta como el nuevo objetivo de esa interminable guerra que el actual técnico del Manchester United mantiene no ya con sus detractores externos, sino con los de su propia morada. Las batallas entre Mourinho y Pogba son un tema de mucha ‘comidilla’ para un ámbito tan ávido de chismes y amarillismo mediático como es el fútbol inglés, y eso me deja la duda de la inactividad en la toma de medidas tajantes. 
 
Si alimentar con pequeños desencuentros de opiniones ya es lo suficientemente atractivo en el Reino Unido para ser expuesto a los cuatro puntos cardinales, no hay más que imaginar que con argumentos probados se haga hincapié en un cruce de mensajes de propósitos claros, para medir el alcance de los inconvenientes que los Red Devils deben enfrentar a esta altura de las circunstancias.
 
Es inútil recalcar la interminable nómina de personajes que han tenido altercados con Jose Mourinho a lo largo de su carrera, como tampoco aseverar que Paul Pogba es un futbolista fácil de dirigir. Los egos envueltos en la personalidad de gran parte de las estrellas no escapa a ser parte activa de este ‘desencuentro’ entre ellos, de ese afán por ser el que lleva la razón, que ostenta la autoridad y que necesita lucir el orgullo de ser el dueño absoluto de su verdad.
 
No se trata aquí de acudir en defensa de ninguna de las partes que no sea el fútbol mismo, y el de una institución tan reconocida por sus éxitos como el Manchester United. Por ello, pienso que en esta situación de carácter límite entre entrenador y jugador, la directiva de Old Trafford debe tomar con seriedad el problema y, sin más, resolverlo de la mejor manera posible a conveniencia de una entidad de reconocimiento internacional como el Man-U.
 
Las instituciones, dicen, siempre están por sobre los hombres y los nombres. Por respeto a una numerosa y fiel afición a la que se deben, no creo que esté tan descabellado concertar una reunión extraordinaria entre Martin Edwards y la familia Glazer lo antes posible para cortar de raíz el problema, ese mismo en que ahora le ha dejado la eliminación de la Copa de la Liga inglesa a manos del Derby County de Frank Lampard.

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