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Martín Onti: Preguntando para saber

MADRID, España.- Los números en las camisetas tienen su historia. Nada parece estar librado al azar de que este número te toca, o este otro no, porque así ha querido el tiro al voleo de la moneda. Muchas son las hipótesis que se manejan tras la designación de esta manera de señalar la espalda de los jugadores, y muchas también las que las percepciones muestran como conveniencias antes que de realidad fortuita.

 
El atacante uruguayo Edinson Cavani, por ejemplo, tenía en principio asignado el número ‘7’ en el Manchester United, pero, faltó que fuese Cristiano Ronaldo el que retornando a Old Trafford ‘demandará’ ese dorsal, para que el charrúa se tuviese que olvidar de vestir esa camiseta a favor del portugués recién arribado de la mano de su agente Jorge Mendes, y sembrar la duda de la versión que el poder detrás del negocio toma cuerpo, incluso con la venia del estamento mayor de la British Football.
 
Curiosamente, en Barcelona, la ‘10’ con que Lionel Messi dejó en estado de orfandad a la institución culé, fue a parar a espaldas de Ansu Fati, otro protegido de Mendes que tramita desde su empresa Gestifute. Estos días, justamente, viene a ser una curiosa casualidad que el nuevo dueño del emblemático número en la camiseta azulgrana, esté siendo ligado a una posible venta al poderoso Manchester City a través del representante luso y con la teórica anuencia de Joan Laporta. 
 
Lo mismo ocurre, quizás a menor escala, con Carlos Soler, el jugador del nuevo Valencia de José Bordalás, cuyo agente, José Rodríguez sabe perfectamente que existe el interés de algunos adinerados clubs europeos para llevarse al mediocampista internacional de Mestalla y, evidentemente, el actual ‘10’ pesa más que un ‘8’ a vistas del negocio que, creen los comerciantes, tiene mayor valor de mercado.
 
Otra muestra es la del mismo Messi en el PSG, donde la excusa fetiche de ese número ‘30’ que le destinaron, serviría más para mantener una mercantilización que Neymar y la entidad gala no podían comercializar a última hora. El argentino entendió que, arrinconado por las circunstancias, debía ceder ante el brasileño por lo que, quizás, ha sido una urgencia de ocasión y no la realidad de un par de meses atrás cuando nada hacia pensar a la familia Messi en París.  
 

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