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Martín Onti: No acusemos a Pep Guardiola

BARCELONA, España. - Los anti Guardiola -esos acérrimos embanderados del ‘antiguardiolismo’ y aquellos que, inclusive, no lo son tanto- pasan hoy horas felices en vísperas de un nuevo año que ya es parte de nuestro presente. Sus últimas actuaciones, que es lo mismo que decir los últimos compromisos del Manchester City, puede que le den razones a todos ellos. Disfrutan la tragedia que atraviesa el español y arremeten con críticas sobre el alcance de su influencia deportiva a todos los efectos.
 
A 14 puntos del Liverpool, el indiscutido líder de una competición en la que juega en opinión de mucha gente el mejor equipo del mundo en la actualidad, el City no encuentra respuestas desde lo que para ellos mismo resulta un tanto inexplicable. El análisis de este bajón futbolístico no pasa por el entendimiento de la estrategia de juego sino más bien por lo que el alma a veces no trasmite a los movimientos ya sabidos de memoria. 
 
Ese ‘adormecimiento’ competitivo podría tener una explicación si transportándonos a través del Canal de la Mancha rumbo al continente, comparamos la situación con el ejemplo de algunos equipos europeos que bien podrían servirnos de espejo para ver reflejado que lo que pasa en la entidad mancuniana en este momento, tiene un origen entendible.
 
Lo que ha estado ocurriendo con entidades que no hace mucho arrasaban en su juego, que demostraban su dominio de las ligas más representativas de Europa, tienen un origen palpable en el hartazgo que el mismo fútbol ha ido minando casi imperceptiblemente durante estos últimos años.
 
Una larga lista de instituciones, que podríamos justificar nombrando entre otros al Real Madrid, al Barcelona, la Juventus, el Bayern de Múnich, el PSG, hasta llegar al Manchester City, son la prueba fehaciente de que sus entregas futbolísticas no se condicen con aquella abrumadora superioridad que han sabido demostrar en temporadas recientes y que, hoy, sólo el trabajo motivador, consistente y efectivo de Jürgen Klopp puede mantener con su Liverpool.
 
Debe entenderse lo desmoralizante que es para un técnico -hablamos de Josep Guardiola- no encontrar la fórmula más eficiente para mantener a sus hombres con el rendimiento que sabemos tienen con el balón en sus pies y, para ello, nosotros antes de acusar al estratega catalán debemos comprender que mente, cuerpo y alma, en muchas ocasiones, no siguen el mismo rumbo.
 
Zinedine Zidane nos ha demostrado que se puede recuperar un norte que sufría de extravío, lo intenta el mismo Ernesto Valverde, también Maurizio Sarri, Hans-Dieter Flick y Thomas Tuchel. Démosle entonces su oportunidad a Guardiola antes de acusarle y sentenciarle definitivamente.
 

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