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Martín Onti: El equilibrio de Klopp

ESTAMBUL, Turquía.- Se puede tener un equipo plagado de figuras y, aún así, no saber a qué se juega. Es de considerar bajo esta premisa que poseer una plantilla de grandes futbolistas hacen al mejor funcionamiento estadístico, en cuanto a resultados, de una institución, aunque no necesariamente de carácter puramente futbolístico. 
 
Desde ese punto de vista, entendemos y justificamos a clubes de envergadura y de marcado poder económico, que siempre están en la parte alta de las tablas de posiciones en la ligas que corresponda analizar, salvando, por supuesto, las correspondientes y lógicas diferencias cualitativas de cada una de ellas.
 
Bajo esta regla que establece proporcionalmente el poderío potencial pero que, a veces, no el real de un equipo, bien podríamos mencionar al Liverpool que dirige el alemán Jürgen Klopp. Anoche, en los límites del bullicio de la popular área de Taksim, en Estambul, volvió a entonarse el ‘you’ll never walk alone’ en señal de festejo por el logro de una nueva conquista internacional.
 
Cuando uno ve jugar a este Liverpool y comienza a entender sus movimientos de disciplina estratégica y táctica, no puede menos que elogiar el trabajo de Klopp. Desde el mismo Mohamed Salah a Allison Becker, y pasando por cada suplente, nadie podría quedar apartado de la mención honorífica por haber conseguido este nuevo título de la Supercopa de Europa. 
 
La concentración es una de las piezas primordiales de este plantel, aunque el sacrificio técnico básico individual de cada elemento sea para destacar en el logro del objetivo. Cada uno lo sabe, y con conciencia espartana ejecutan sus libretos personales respetando al grupo, porque saben que en ello descansa la consecución de un logro.
 
Ver jugar al conjunto de Jürgen Klopp también requiere atención de nuestra parte para descubrir sutilezas que hacen al todo. Anoche en el estadio del Besiktas no solamente ganó por la fortuna de los penales, sino porque estuvo más atento que su adversario a lo largo del partido. Sí, podríamos mencionar la experiencia como alternativa, pero los fuera de juego y yerros cometidos por los hombres de Frank Lampard castigaron a los ‘blues’ y le otorgaron un premio final justo a los ‘Reds’.
 
Simplezas de movimientos que han ido transformándose en infalibles después de muchas horas de práctica, le birlaron al Chelsea goles conquistados en fuera de lugar y, a su vez, castigaron a los de Stamford Bridge con los dos goles de Sadio Mané.
 
El equilibrio entre líneas que el estratega germano ha conseguido darle a este Liverpool, el del respeto por la disciplina, el orden y la aplicación de la inteligencia de sus componentes, no sólo le dio la merecida conquista de este nuevo trofeo, o su brillante inicio de temporada en la Premier League, sino, además, la última Champions League frente al Barcelona de Messi y compañía. Algo para destacar con orgullo y humildad incluidas.
 

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