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El Arsenal pierde a Héctor Bellerín durante cuatro semanas por lesión

Arsène Wenger quiere sentir el amor de los hinchas para renovar con el Arsenal

LONDRES, Inglaterra.- Arsène Wenger puede estar disputando sus últimos cuatro meses como manager del Arsenal pues aún es un misterio si le ofrecerán la renovación al final de la campaña, o si él la aceptará. El club no gana el título de la Premier League desde el 2004 y dada la ventaja del Chelsea en la punta de la clasificación parece imposible lograrlo en este 2017.
 
 
Wenger ha recibido el odio y el amor de los hinchas a partes iguales. Ahora que el club sí tiene a estrellas de la talla de Alexis Sánchez, Mesut Özil y Petr Cech, se han acrecentado las voces que le reclaman ser más contundente en la pelea por la corona. El manager francés parece no tomarse muy en serio los constantes fracasos año tras año pues en cada rueda de prensa, aunque pierda, habla con una sonrisa en su rostro.
 
 
El año pasado se cumplieron 20 años desde el arribo de Wenger al Arsenal y todas las señas indican que el final de su ciclo ya llegó. Este martes los Gunners cayeron en casa ante el Watford en otro decepcionante partido que reafirma cuán lejos se encuentran de ser unos genuinos contendientes por el primer puesto.
 
 
La Liga de Campeones tampoco parece ser el escape que el Arsenal necesita pues para seguir vivos en la competición en los próximos dos partidos deben despachar al Bayern Munich, un viejo y amargo conocido.
 
La junta del Arsenal está esperando por la respuesta final de Wenger y aunque no están del todo convencidos de la idoneidad del francés para continuar en el cargo, fuentes cercanas al club sugieren que le han ofrecido un nuevo contrato de dos años. Pero es el propio Wenger quien ha puesto ciertas condiciones para seguir, algo que no está ni en las manos de sus jefes ni de sus jugadores.
 
 
Wenger quiere sentirse el amor de los hinchas para extender su estancia en el Emirates Stadium más allá del verano. Esa es la prerrogativa que ha señalado como el punto crítico para que no exista un divorcio.
 
 
Pero viendo la rechifla que los seguidores le lanzaron al equipo luego de la catástrofe ante el Watford parece muy poco probable que Wenger encuentre lo que busca.
 
Ahora, cuando cumple una sanción de cuatro partidos por empujar al cuarto árbitro ante el Burnley, Wenger se encuentra aún más lejos de ejercer el control que necesita para primero conseguir buenos resultados en la cancha y luego obtener el beneplácito de los hinchas.
 
 
Las muestras de desafecto lejos de desaparecer sólo aumentan con el paso de las semanas y la frustración de esos que pagan las entradas más caras de la Premier League, pero que obtienen un nulo retorno por ellas, ya ha llegado a un nivel crítico.
 
A los 67 años y tras un quinto de siglo en el norte de Londres, amado en sus primeros años y odiado y querido a partes iguales en los últimos, a Wenger no parecen quedarle muchas armas para defenderse. Al final de cuentas y, aunque en los últimos años hayan perdido un poco su poder, la voz de los hinchas sigue siendo capaz de perpetuar managers o decapitarlos sin piedad. Él, al menos, lo sabe.
 

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