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SINCERICIDIOS

Vaya semana que llevamos en el ámbito que incumbe al fútbol y que influye en el contexto internacional. Detalles variados, de todo tipo, que dejan al descubierto situaciones que a veces no trascienden por diferentes razones. Ya sea que se pretenda no entrar en capítulos amarillistas o por ser respetuosos en demasía, consideramos que son temas no proclives a exponerse si se quiere salvaguardar el bienestar del juego.

Conociendo de primera mano, pero respetando los pruritos que el actual técnico de la Selección de España exigió siempre, sólo nos limitaremos a enunciar el origen del problema entre Luis Enrique Martínez y Robert Moreno como primera medida.

Basados en una realidad inevitable, enunciábamos hace algunos días, y muy cuidadosamente, la temática principal del inconveniente bajo la sutil carátula del egocentrismo humano, sin embargo, el asturiano en la primera oportunidad que tuvo, desveló el origen de un hecho que trajo cola de inmediato por parte del último seleccionador nacional desde su respuesta en Barcelona. Diga lo que se diga, el Ego mató a los dos y ambos terminaron perdiendo en el aspecto humano.

En distinto apartado, el Real Madrid termina aceptando que Vinicius Jr. es un jugador de extremo potencial, pero le deja fuera de convocatorias porque Zinedine Zidane sabe, más por viejo que por zorro, que todo fruto que aún no está maduro de alguna manera tiene mal sabor final.

En el fondo ‘Zizou’ sabe que el joven brasileño corre el riesgo, al igual que Rodrygo, que Takefusa Kubo, que Brahim Díaz y que muchos otros noveles futbolistas que irrumpen en los primeros equipos, que los tiempos deben estar allí para ser respetados.

Aceptar que los plazos deben ser cumplidos, garantiza con mayores posibilidades lo mejor para cada parte. El Barcelona también ha recolectado lo suyo estos días. Un nuevo problema muscular de Ousmane Dembélé pone a todo el estamento culé al descubierto.

Los azulgranas, en toda la amplitud que concierne a la institución que dirige Ernesto Valverde, deben recapacitar y tomar decisiones correspondientes, porque hasta el último recogepelotas de la entidad azulgrana conoce de memoria el ‘Tema Dembélé’.

Todos están informados de la errática conducta del atacante francés y la desordenada vida casera que lleva en paralelo al fútbol. La conciencia tienen una raíz tan profunda como la imposibilidad de solventarlos sin normas rígidas para quienes no respetan la lógica a la que se deben.

También están aquellas escenas que nos descubren comportamientos que llevan consigo intereses por hacer una mutación que sea redituable. José Mourinho ha protagonizado alguna de ellas.

Una especie de catarsis en su carrera es la que provoca que, de repente, el estratega portugués se transforme en una persona desconocida, al menos para nosotros. Las declaraciones amables y los cariños expresados a diestra y siniestra no son su marca registrada, sin embargo en el banquillo del Tottenham Hotspur, Mou parece otra persona ahora.

Con realidades o espejismos, de conductas incomprensibles para algunos y lógicas para otros, el fútbol continúa deparándonos hechos que nos dan la sensación de tener que esperar al día siguiente para tener la certeza de afirmar una verdad.

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