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Onti: De la exaltación a la calma

MADRID, España.- Difícil es dar rienda suelta a la exaltación sin inteligencia emocional que pueda controlarla. En un equipo como este Barcelona de tantas variantes ofensivas con la inclusión de Coutinho, los tiempos y el manejo de los espacios es algo fundamental para administrar desde mentes frías, mentes que puedan imaginar el resultado de dejar a sus jugadores el libre albedrío de entregarse al placer del juego ofensivo, de la tentación de entregarse al ataque y olvidarse que el adversario, como el Alavés en este caso, puede ser letal al contragolpe.
 
Medir el poderío del rival es cuestión del cuerpo técnico y acorde a ese estudio y conocimiento de las causas, Ernesto Valverde fue el único culpable de no poner orden desde su frialdad táctica-estratégica y hacer que sus dirigidos absorbieran la verdadera dimensión del peligro que eso significa. Poner casi medio campo de juego entre el último hombre -Piqué o Umtiti- y Ter Stegen fue un verdadero suicidio para el actual líder de La Liga en los primeros 45 minutos.
 
En esa revolución mental que significa la llegada de Coutinho y que invita a acompañarle, donde todos quieren ser delanteros, laterales de subida inmediata y sin retorno, medios que se suman confiados en la resolución atacante, y hasta un pivote defensivo -Rakitic- con mentalidad diferente a la de un ausente Busquets, terminaron desestabilizando al borde de la incredulidad a un Barça que sucumbía sorpresivamente al final de la primera parte ante los de Vitoria.
 
En el segundo tiempo la desesperación del Barcelona fue minando la propia paciencia, hundiéndose en el ostracismo de Lionel Messi y fortaleciendo el carácter del visitante. El Camp Nou se llamaba a silencio absorto en una de esas pesadillas más tenebrosas de justas que ya había sabido entregar el conjunto azulgrana. Los fantasmas pesaban en la mente del local y cercenaban el espíritu culé hasta que Luis Suárez cambió la fortuna de mano. Luego llegaría el gol acostumbrado de Messi y, con ello, el retorno de las aguas a su caudal.
 
Pues bien, ciertamente debía atreverme a analizar los pasajes del partido entre el Barcelona y el Alavés para explicar que hay encuentros como este, que sirven para medir no ya meramente lo futbolístico, sino lo que rodea extra deportivamente a un equipo como el de Valverde. El manejo de los momentos inesperados, de esos que Andrés Iniesta considera no matemáticos, hacen mucho a la importancia de contemplar que el fútbol es un juego sin absolutismos, con esa relatividad que lo hace imprevisible, más cuando la exaltación no tiene el control necesario, al menos en la previsión que requiere de la calma que la conduzca a buen puerto.
 

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