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Dembélé

Martín Onti: Una farsa llamada Ousmane Dembélé

A decir verdad siempre esperé esto. No me toma por sorpresa ni a mi ni a un grupo de colegas que siempre sospechamos de la engañosa calidad del francés Ousmane Dembélé. Desde sus tiempos del Borussia Dortmund, que fue cuando en realidad se comenzó a hablar de él en el circuito del fútbol europeo, el delantero galo nos llamaba la atención por su fragilidad, por esa imagen de habilidoso futbolista que aparentaba trasmitir bajo el disfraz de sus regates y su velocidad.

Sus dotes, sin embargo, sirvieron para aquella escuadra germana de mediocre recorrido. Porque convengamos que hay jugadores que no están preparados para los grandes equipos y lo de ellos es destacar en instituciones de media tabla. Lo cierto es que Dembélé apenas sí destacó en ese once de Jurgen Klopp en una temporada puntual. No se puede decir otra cosa, más que destacar el negocio que se montó a su alrededor para que el francés adquiriera ribetes de estrella y llegara a ser una excelente oportunidad comercial para el Dortmund.

Desde que llegó al conjunto de Ernesto Valverde, el bueno del ‘Mosquito’ no ha justificado el altísimo precio que se desembolsó por su compra, y me temo que el tiempo que tardará en crecer en este sistema blaugrana será de una marcada ruina económica para la entidad de Josep Maria Bartomeu. Valverde no ha tardado en darse cuenta que su acotada capacidad futbolística se une a la falta de personalidad que una figura internacional debe tener, máxime cuando este ha costado, con variables incluidas, la friolera de 145 millones de euros, casi 9 veces más de lo que costó cuando los alemanes se lo compraron al Rennes de Francia.

Cuando la presión es evidente y la responsabilidad no puede ser compensada con respuestas convincentes, en este caso sobre el campo de juego, sobreviene la imposibilidad de lidiar con las situaciones. La lesiones, sin pedir permiso, le terminan pasando factura al físico cuando menos se lo espera por debilitamiento del sistema inmunológico y el resultado queda a la vista.

Ousmane Dembélé no es mal jugador de fútbol, pero no es un futbolista preparado para soportar retos que un crack está obligado a enfrentar a cada rato. La demanda del entorno se hace tan insostenible para quien no está preparado para ello, que la presión sobre esa persona se transforma en imposible de doblegar ante el medio cuando este se vuelve hostil y las cosas no salen tan placenteras como se han imaginado.

Tras regresar recientemente de su infortunio anterior de 2 meses, ante la Real Sociedad Dembélé se volvió a lesionar de una ruptura fibrilar que lo tendrá afuera de los terrenos de juego de 3 a 4 semanas en esta nueva oportunidad. 

No pretendo acusar al jugador de su ‘suerte’, pero sí enmarcar las dudas sobre una directiva y una comisión de ojeadores que supuestamente deberían entender todo lo dicho con anterioridad. Bartomeu tendría que haber requerido mayor conocimiento de la situación a su secretario técnico con un detallado historial del atacante galo y recomendarle a Robert Fernández que acuda a menos noches de comilonas injustificadas y a desmedidos viajes al exterior a costa del FC Barcelona.

Martín Onti

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