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Martín Onti: Te pintan la cara

San Mamés parecía un confesionario anoche. Las declaraciones y los silencios de la expedición del Barcelona a Bilbao coincidían en un mal comienzo de liga ante el Athletic, sin embargo, mucho más allá de ello, el vestuario hacía hincapié en equivocadas posturas generales, y no sólo futbolísticas, de los azulgrana ante los leones de Gaizka Garitano. 
 
Podríamos argumentar que el resultado justo bien podría haber sido un empate final, pero, ello dependerá de los detalles que se deban juzgar. Bien podríamos decir que cada uno tuvo su tiempo de control del partido, y que basarse en esto nos obliga de deshilvanar los pequeños hilos de las propuestas de vascos y catalanes.
 
Los locales salieron a ejercer su condición de locales, y también la de humildes retadores del vigente campeón de liga. El equipo de Ernesto Valverde recién entendió donde estaba parado cuando Aritz Aduriz, con un gol de exquisita factura y sobre el final mismo del encuentro, puso adelante a los suyos sin tiempo para la reacción, otra que no haya sido el del estupor culé.
 
‘Te pintan la cara’, era la expresión que en boca de los blaugrana sonaba más a excusa que a razonamiento. Quizás para no destapar la olla del descontento, jugadores como Gerard Piqué y Jordi Alba se expresaban con una muletilla de aquellas que hay que dejar pasar hasta que el tiempo cure heridas, siempre y cuando no se intente leer entre líneas para señalar culpas y culpables ya mismo.
 
Anoche, el FC Barcelona, o debería decir su entrenador, Ernesto Valverde, quedaron expuestos en el nuevo San Mamés. La fortuna de no tener que callar puntos de vista lógicos, nos ayuda a señalar al técnico del Barça, nuevamente, como culpable principal de este mal comienzo de temporada de su club.
 
Sin pretender ser el dueño de la verdad, y coincidiendo con muchas otras opiniones, Valverde jugó con un fuego inapropiado para la ocasión. El ‘Txingurri’, creo, no entendió aún que la pretemporada ya había concluido, que el tiempo de pruebas ya estaba extinguido, y que este partido frente al Athletic era por los puntos. Quedó así demostrado que su testarudez es irritable y que la señal de mando la ejercen sólo los que no estaban sobre el césped.
 
Ante un tan veloz como envalentonado adversario, como el que cualquiera se hubiera imaginado sería el de Garitano en casa y ante el actual campeón español, no se puede proponer el desafío de jugar con un medio del campo de hombres lentos físicamente, acotados en recursos tácticos y, sobre todo, de mentalidad condicionada para ser líderes de un equipo en ausencia de machos alfa.
 
No se puede negar la razón justificada de un triunfo merecido. Fue un tiempo para cada uno, sin embargo a veces la disposición de los turnos delimita el objetivo. El de Garitano fue aprovechar el suyo, el primero,  y cuando le tocó despertar del letargo de juego al Barcelona, en el segundo, el daño ya estaba hecho y fue irremediable. Busquets y Rakitic en el banquillo, Suárez lesionado, Rafinha egoista, Griezmann ignorado, Alba dormido, Dembélé en la siesta, y Piqué en soledad, sólo tienen un denominador común en el capricho de Ernesto Valverde.
 

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