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Martín Onti: "Solo tres días más"

MADRID, España.- Se acerca el 18 de diciembre, fecha en la que se deberá completar aquella décima jornada de LaLiga en que el juego entre el Barcelona y el Real Madrid debió suspenderse debido a los disturbios que acogió la Ciudad Condal. Por entones, el clásico tenía que disputarse en el Camp Nou y la inseguridad reinante en la capital catalana no garantizaba la puesta en escena de uno de los partidos más trascendentales del universo futbolístico mundial.

Siete jornadas más tarde, y a las puertas de completarse finalmente aquel encuentro faltante, los dos equipos han jugado con su suertes y sus desgracias. Uno en la tibieza de la que casi siempre dispone para enfrentar a sus contrincantes cuando desaparece Lionel Messi, a pesar de estar en el terreno de juego, y el otro, por ese difuminarse en la dicotomía en la que cae muy a menudo, confundiéndose entre personalidades tan opuestas que nos hace dudar de las cualidades de sus estados mentales.

La Real Sociedad, en el ya fatídico estadio de Anoeta, pudo haberle ganado a un equipo de Ernesto Valverde que es, con signos evidentes de ‘messidependencia’ constatada, un equipo con el argentino integrado al juego, y otro, muy distinto, cuando el gotero de su frasco de esencias futbolísticas descansa sobre un lateral que le sostiene en estado de paseo otoñal.

El Valencia, en su Mestalla tan de cualquiera, creyó tener un partido atado hasta que un tiro de esquina sobre el final mismo de la brega le llamó a la realidad de aquellas instituciones entregadas al sufrimiento de querer ser y no saber cómo. El cada vez más consolidado Karim Benzema, se erigió nuevamente en el salvador de Zinedine Zidane cuando Cataluña bailaba ya su sardana favorita rumbo al miércoles venidero.

Por percepción, y hasta entonces, el dueño de la meseta central se adelanta en los pronósticos. Lo hace cuando la campana sonaba y los del Turia festejaban un sueño que se transformó en pesadilla para algunos esta noche. Se retira ganando el Madrid por esa propiedad de su espíritu, vencedor frente a los recurrentes fantasmas, que con disfraces azulgranas, revolotean desde la noche de San Sebastián el barrio de Les Corts.

Llegan tres días de dimes y diretes, de comentarios con y sin sentido, de opiniones y habladurías, réplicas y contrarréplicas que llenarán espacios variopintos. A partir de esta noche de domingo la lógica tendrá un mínimo de razón, sólo esa que la pasión le permita transgredir a lo que se argumente sobre el sentimiento que genera el clásico de los clásicos del fútbol mundial. Sólo tres días más.

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