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Martín Onti: Sólo seres humanos

MADRID, España.- No hay ninguna otra alternativa para explicar la ruptura entre Luis Enrique Martínez y Robert Moreno, que observarla desde el lógico punto de vista del ser humano. Así como muy difícil es pegarle a un balón de la misma manera dos veces, también se contempla aceptar que las relaciones entre las personas varían sin mediar moldes exactos de comportamientos.
 
La carrera que se toma para pegarle a una pelota, además del césped, el viento, la distancia, los marcajes, y todo un rosario de contingencias, inciden para que ningún golpeo sea exactamente igual al anterior. También esto sucede a veces con las relaciones entre personas. Sin importar el nivel de amistad que exista, una sutileza desapercibida por uno, para el otro bien puede significar todo un mundo.
 
No ha habido desavenencias futbolísticas entre Luis Enrique y Robert Moreno. Jamás las hubo. Nadie trabaja y defiende ininterrumpidamente un pensamiento, una idea, si no hay afinidad entre las partes. Nadie entrena con un ‘socio’ durante tanto tiempo, en tantos sitios diferentes, si el credo no tiene el mismo rezo.
 
Barcelona, Roma, Vigo y la internacionalidad con España sostenida en compinche camaradería, en un grupo de fidelidad debida, de respeto, de bromas y risas contrastadas con el esfuerzo, el estudio y la dedicación. Nadie podría decir que el motivo de este desencuentro estuviese en otro punto que no sea el daño al Ego de cada uno de ellos dos. Inadmisible no haberlo vencido, pero de eso también se trata la vida.
 
Luis Enrique Martínez y Robert Moreno han hecho lo que han podido dentro de un entorno de contagio egocéntrico. Si no hicieron otra cosa de cara al juicio de ustedes, mío y quienes rodean al fútbol en general, es simplemente porque no han tenido los elementos humanos dentro de ese ámbito especial que es la competencia de élite, para hacer que las cosas fluyan como antes, como cuando eran amigos.
 
Se contarán muchas versiones estos días. Robert irá desapareciendo de escena con mayor silencio porque su inteligencia le dictará callar. Luis Enrique hablará lo justo en el retorno sin detallar las razones. A ambos les quedará el dolor, ese será el único denominador común que habrá entre un catalán que hizo un muy buen trabajo siendo un desconocido en los primeros planos del fútbol español, y un asturiano que deberá ratificar ahora que su regreso valía todo este inútil despropósito.
 
El desmedido ruido no mereció ser tal. Los seres humanos cometemos muchos errores que no tienen vuelta atrás. Nadie debe ser juzgado aquí más que el técnico saliente y el entrante, o el ex saliente y el ex entrante. Ni Luis Rubiales, Ni José Francisco Molina, ni los jugadores tienen culpa de las barbaries ajenas.
 
Martín Onti

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