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En Cataluña, el derbi que enfrenta al Espanyol y al Barcelona eleva la adrenalina a niveles considerables.

Martín Onti: Problema de vecinos

MADRID, España.- Pase lo que pase y tanto como se quiera disfrazar la rivalidad, nada cambia cuando se disputa un derbi. Algunos son de consecuencias leves, pero, otros elevan la adrenalina a niveles considerables. Una historia que nace en el enfrentamiento, por lo general por compartir una misma plaza de asentamiento deportivo, adquiere otros ribetes de competitividad si las desavenencias contemplan otros factores de difícil aceptación.
Aun así, un derbi es siempre el encontronazo de ideas, de religión en algunos casos, política o luchas sociales que en el tiempo van fortaleciendo la acérrima enemistad entre bandos que siempre serán antagónicos. Un compendio de lo inaceptable en el otro que genera un ambiente de discordia que comienza los días previos y sólo disminuye los posteriores al evento sin desaparecer del todo.
 
Encima, si en corto tiempo estos adversarios se encuentran repetidamente, las asperezas provocan extra combustión sin demasiado rebuscar para generar y alimentar una problemática que estará presente aunque no existan motivos aparentes. Si en cambio sucede que hay razones, la mesa estará servida para un listado interminable de excusas que promuevan esa tan mentada rivalidad entre ellos.
 
Pues bien, es sabido, y de público conocimiento, que en Cataluña el derbi por antonomasia es el que enfrenta al RCD Espanyol y al FC Barcelona. También a nadie escapan los hechos políticos a que está siendo sometida la región en búsqueda de un independentismo que ha creado un clima de exacerbado inconformismo en el país que ha dividido a la misma Cataluña entre partidarios y opositores a un régimen separatista. Pero esto es harina de otros costal, aunque deba mencionarlo para interpretar este último clásico entre periquitos y culés.
 
El encuentro en Cornellá-El Prat, el nuevo asentamiento del Espanyol después de deambular por el estadio Olímpico de Montjuic tras la salida de su vieja e histórica casa de Sarriá, traerá aparejado momentos de fricción entre aficionados, al menos, de ambas instituciones, porque el agua de la Copa del Rey, donde el Barça eliminó a los de Quique Sánchez Flores, ha vuelto a rebasar el vaso de la permisividad entre enemigos declarados dentro y fuera del terreno de juego.
 
No se puede más que pensar en la continuidad de una rivalidad que remonta constantemente la historia entre blanquiazules y azulgranas, más aún cuando las declaraciones cruzadas entre gente identificada con uno u otro bando se empecinan en dar resaltar la bajeza que en ocasiones el ser humano necesita para sobrevivir.
 
Un nuevo derbi con los mismos problemas, con parecidos inconvenientes y similares rencores se juega en el distrito de Cornellá. Esta vez los vecinos de Les Corts visitan al Espanyol sin esa presión terminal al saberse cómodos líderes de la liga española que les permite aceptar consecuencias que sirven para calmar los exacerbados ánimos de turno.
 

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