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Martín Onti: A partir del racismo

Estamos en pleno Siglo XXI como para no entender lo más que entendible. No cabría sanamente en ninguna cabeza de la gente en este planeta, que el insulto, la bajeza y la cobardía se apoderen de la pobreza de la mente y del alma para primar sobre la decencia y la racionalidad que ciertas conductas, en ocasiones, desgobiernan a los seres humanos.

Ha vuelto a suceder nuevamente estos días pasados en el LaLiga. El español Iñaki Williams, delantero del Athletic de Bilbao, recibió improperios racistas por parte de aficionados en Barcelona cuando el equipo vasco se enfrentaba al RCD Espanyol. Al atacante nacido en Bilbao, de padre ghanés y de madre liberiana, parece perseguirle el tremendo castigo de ser una persona de piel negra y, a causa de ello, ser una diana obligada de los desjuiciados de costumbre.

El racismo en el deporte, y hago mención al fútbol en ello, se ha constituido en un centro de expansión tan popular, que debiera tomarse en cuenta su incidencia e importancia para emprender acciones y combatir de manera mucho más efectiva la proliferación de las diferenciaciones entre etnias y clases, esas que grupos de personas ancladas en la sordidez del pasado aún insisten en ponderar.

Lo de Williams a esta altura de las circunstancias, tristemente deja de llamarnos la atención... y eso es lo peligroso. El tema es perjudicial desde el olvido que le gana a la gente, desde la rapidez con que se enuncia un acto de discriminación y desde la liviandad con que se archiva una acción repleta de un concepto erróneamente aceptado por las sociedades modernas. Lo del futbolista vasco debería tener un límite admisible más allá del pensamiento Neardental y, evidentemente, no lo tiene.

El ejemplo mencionado de lo ocurrido en Barcelona, donde ya existen aficionados ‘periquitos’ señalados con nombres y apellidos para ser ajusticiados, sumado a los muchos otros casos que suceden alrededor del fútbol y de las cuantiosas permisividades a las que se les hace la vista gorda, en nada favorecen a la diáfana imagen que un deporte como el fútbol contemporáneo debería ofrecer.

Los medios siempre jugamos a favor de una urgencia de manera racional en la solución de estos conflictos, pero, nuestra dinámica de intervención no tiene el alcance de los grandes señores que gobiernan el fútbol. Esta gente, los encargados de reglamentar lo que debería constituirse en normas inapelables, tendrían que velar por el cumplimiento de las mismas para que lo de Iñaki Williams no se transforme en una costumbre a partir de lo inaceptable.

Martín Onti

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