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Martín Onti: para Marcelino

La memoria no suele ser tan infiel como para no recordar vivencias personales. Bajo estas premisas, se nos ocurre equiparar el momento actual del nuevo técnico del Athletic de Bilbao, Marcelino García Toral, con otros estados de incertidumbre como el que hoy nos toca atravesar en lo general y en lo particular. Los hechos suceden y adaptarse a estos, comienza a ser el secreto de un bienestar al que nos aferramos sin saber exactamente cómo.
 
Todo alrededor nuestro, en el fútbol en este caso, es parte de una dimensión desconocida de la cual no tenemos referencias, y donde tomar decisiones correctas pasa por tener sentada la fortuna de nuestro lado. Ya nada puede, ni debe, ser tenido en cuenta como en un pasado que se nos ocurre lejano. Los cambios se producen rápidamente porque los estados de ánimo influyen hacia una u otra acera.
 
Desde el inicio de esta pandemia, con tintes de sindemia a esta altura, el fútbol ha ido adaptándose a este presente que nos ofrece estadios vacíos a través de la televisión para satisfacción de nuestras almas apesadumbradas. Busca excusas para transar con la aceptación de lo que se nos entrega como pasatiempo ideal y nos obliga a ser complacientes con lo que se nos regala para llenar nuestros días de aficionados aferrados al norte que nos indica el balón.
 
Para el caso, es casi lo mismo que el belga Eden Hazard no rinda lo esperado en el Real Madrid, como que Raúl García sea el héroe de turno por llevar a la final de la Supercopa de España al Athletic de Bilbao. Tampoco ya importa que el equipo de Zinedine Zidane haya acertado en la propuesta futbolística y haya fallado en la efectividad, ni que el nuevo estratega del conjunto vasco se haya impuesto en esta semifinal malagueña casi parapetado en el banquillo de principio a fin.
 
Nada de esto cuenta más para García Toral que el triunfo ante el Madrid, porque esa victoria le permite entrar con el píe derecho para enfrentar al Barça de Koeman este domingo y poder, así, aspirar a levantar otro trofeo ante el mismo adversario que en la temporada 2018-19, justamente en la capital andaluza, aunque en el estadio Benito Villamarín, cuando lograra su máximo galardón como entrenador levantado la Copa del Rey cuando dirigía al Valencia.
 
Esta vez el escenario será La Cartuja. Allí se decidirá la suerte del técnico asturiano para comprobar si puede besar el santo ni bien llegar al Athletic. En la entidad vasca bien mencionamos a la suerte porque, en esta época de incertidumbres, el lado en que esta decide posarse tiende a ser definitoria con los menos agraciados.
 

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