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Martín Onti: Messi, el autismo y el final de su carrera

MADRID, España.- Todas las presunciones son refutables a través del más severo de los escrutinios médicos. Con las pruebas fehacientes por delante, Lionel Messi podría muy bien enjuiciar al ex futbolista Christophe Dugarry por llamarle autista. Si el capitán del FC Barcelona considerara que el ex jugador del club catalán le hubiese tratado con el desprecio que a algunos nos parece utilizó el ahora comentarista radial galo, el resultado del juicio podría dejar muy mal parado a Dugarry.
 
El autismo se define como un conjunto de trastornos complejos del desarrollo neurológico, caracterizado por dificultades en las relaciones sociales, alteraciones de la capacidad de comunicación, y patrones de conducta estereotipados, restringidos y repetitivos, que afectan de forma diversa y con distinto grado de intensidad a cada individuo. 
 
Teniendo en cuenta que en el autismo es muy frecuente la discapacidad intelectual, donde solo alrededor del 30% preservan un cociente intelectual normal, las palabras de Dugarry nos llevan a entender que si en la mayoría de los casos los autistas exigen un alto nivel de dependencia social y familiar por considerárseles disminuidos mentales, Messi bien podría incomodar al ex internacional francés.
 
 
 
Sin embargo, personalmente, no creo que el futbolista argentino se disponga a perder tiempo con gente como Christophe Dugarry. Demasiado tiene ‘La Pulga’ con tratar de entender qué está pasando por su vida deportiva en estos momentos. Cuando seguramente no alcanza a atinar si su carrera debería continuar o poner punto final a un profesionalismo de elite que lo ha tenido en la cresta de la ola por poco más de una larga década y media. 
 
En paralelo, el día de ayer, alguien dejó en el aire la confusa noticia ‘doble-intencionada’ de que Messi ponía una especie de final a su relación contractual con el Barça. Y yo me pregunto, hoy, qué de fatídico habría siendo eso verdad. Qué de malo habría si el ganador de tantos logros futbolísticos considerase abandonar el fútbol y dedicarle más tiempo a quienes ha tenido en segundo plano desde que fuera un niño.
 
No creo, sinceramente, que a sus 33 años ya camino a sus 34, uno de los mejores futbolistas de todos los tiempos cambie de club. No, no es que el Barcelona no le dé lo que pretende en el aspecto lúdico, sino que la gente que conduce a la entidad catalana no puede dar más de sí para conformar un club con posibilidades de motivar a un hombre que ya ha conquistado todo. Y menos aún si la comparación se refleja en el espejo del Real Madrid.
 
No es el bendito autismo; sino la falta de motivación, las bajezas humanas del medio y las perspectivas de que poco cambiará en el futuro del fútbol, las que alejan definitivamente cada día más a Messi de los campos de juego. Demasiado imponen desde el silencio Antonella, los niños y la familia, como para malgastar más tiempo yendo de frustración en frustración.
 

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