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Martín Onti: Més que un problema

Un problema es un conflicto entre lo que es y lo que debería ser. Consta de un inicio, un tratamiento y una solución. El problema, es una acción que precisa de un desenlace para tener conciencia del estado al que se desea llegar. Es decir, se hace obligatorio plantear un tema en concreto para conocer lo que hay que saber, cómo lo quieres abordar y adónde quieres llegar.
 
Hoy, la situación generada en el FC Barcelona se ha convertido en un verdadero problema. El mismo necesita ser analizado concientemente para tener claridad sobre un tema que tiene aristas tan filosas como dañinas. No se puede aceptar, llegado este presente, que la hecatombe institucional continúe adelante como si nada pasase.
 
El origen del ‘problema’ tiene tintes futbolísticos, sin lugar a dudas. Pero, para llegar a deshilvanar esto, antes, deberíamos hacer hincapié en variantes políticas, económicas y sociales de una entidad que, desde lo deportivo, va más allá del balón. 
 
El Barcelona, como núcleo identitario de una comunidad, busca trascender desde su lema insignia. Su eslogan ‘Més que un Club’ irradia un producto que Catalunya utiliza y expone en la vidriera planetaria a todo nivel. Esa trascendencia termina siendo paralela a la arquitectura modernista de Antonio Gaudí, el arte surrealista de Salvador Dalí, y a la obra abstracta de Joan Miró.
 
En el fútbol propiamente dicho, Catalunya encontró un jugador excepcional como es Lionel Messi y se lo apropió, como hizo para la gente común con Picasso y su cubismo. Ambas figuras ‘foráneas’ pasaron a ser propiedad de su nueva tierra adoptiva por dos razones, las distintas urgencias de los necesitados y la decisión de sus señorías que se beneficiaron con ello. 
 
En gran parte, así, se fue desarrollando la memoria basada en el arte que entra por los ojos y acaricia al corazón sólo hasta que la realidad lo pone en su lugar. En el caso de los genios de la arquitectura, la pintura, y la escultura, la inmortalidad trascendió fronteras y la región se vio favorecida por ello. En el caso de Messi, la historia no sólo no ha dicho su última palabra, sino que está en plena ebullición.
 
Confirmada la salida de Luis Suárez -positiva para algunos y negativa para otros- la hoguera que creíamos se iba apagando, ha vuelto a encenderse en can Barça. Si bien desde el punto de vista humano, amistoso y solidario el capitán azulgrana tiene sus razones para criticar los modos utilizados con su amigo, la cizaña contra la junta directiva que encabeza Josep Maria Bartomeu no tiene sustento moral porque Messi les otorgó ese derecho desde que llegó a Can Barça.
 
Hay pruritos que deben obedecer a una conducta, y el argentino no ha sido consecuente con lo que su mensaje significó en su momento. Otra cosa hubiese sido, cuando le correspondía, mandar a tomar por saco a todo el estamento dirigencial del club, marcharse perdiendo dinero y manteniendo su orgullo para estar ahora en condiciones de exigir respeto absoluto. Lo cierto es que existe ‘Més que un problema’ en el FC Barcelona, y debe ser resuelto con cierta inmediatez.

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