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Martín Onti: Los colores de una camiseta

MADRID, España.- Ya encaminada la ‘Operación Ferran Torres’ con destino a Inglaterra, en Valencia, y en el vestuario del ahora conjunto que dirigirá Javi Gracia la temporada venidera, los desentendidos comienzan a dejarse ver. No ha tardado mucho la noticia en hacer mella entre sus compañeros, donde José Luis Gayá ha dado a entender que el honor del Turia ha sido herido por el juvenil atacante, ahora con rumbo a la Premier League, traicionando los colores del club que le vio nacer.
 
Si alguien me dice que este capítulo de reacciones sentimentales se lleva a cabo unas cuantas décadas atrás, hubiese imaginado posible que la sensibilidad de un compañero de equipo haya podido verse traicionada. Sin lugar a dudas. Pero, hoy en día nada de eso puede aspirar a ser creíble.
 
 
Aquí lo cierto, y real, es que Ferran Torres se va a jugar al Manchester City de Josep Guardiola no sólo por la existencia de un proyecto más interesante desde lo futbolístico –que sin duda lo es- sino, y además, porque el apartado económico se ha transformado en una condición primaria para los intereses personales que un joven futbolista ansía hoy.
 
El futuro de un jugador ya no solamente lo marca una planificación deportiva adecuada. Los tiempos han cambiado de manera esencial en el fútbol actual, y aquel que no quiera entenderlo de esta manera pecaría de inocencia o de sarcasmo.
 
Como primera alternativa disuasoria, los tiempos de anteponer el amor por una camiseta al conveniente que dicta lo económico, han quedado en un olvido forzado por las circunstancias. El poder decisorio que señala el poder del dinero va de la mano con los propósitos que cumplen los éxitos de una empresa. Esa es la condición fundamental, todo lo demás conduce al fracaso.
 
En este caso particular, a nadie se le podría escapar que el alcance del mercantilismo futbolístico -por llamarle de alguna forma- del Jeque Mansour bin Zayed Al Nahayan, es mucho mayor que el demostrado por el empresario chino Peter Lim, y en esas estamos mal le pese al último de los románticos. 
 
En realidad, Gayá debería comprender que Ferran Torres se va a Manchester porque en Valencia sus sueños no tienen la respuesta que cualquier joven de esta época busca para sí mismo y que estos, poco tienen que ver ya con los sentimientos que antes se tenían por los colores de una camiseta.
 

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