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Martín Onti: Lo que queda de Keylor

MADRID, España.- En su fuero interno, seguramente Keylor Navas siempre supo que triunfar en el Real Madrid sería poco más que una empresa imposible para él. Venía del Levante, un club de segunda categoría, sino tercera, dentro del concepto callejero del fútbol español, un costarricense para jugar en una institución de primerísimo nivel, donde triunfan pocos y además, para enfrentar un preconcepto que está incrustado en el paladar negro madridista que no acepta jugadores sin una buena imagen que vender.

Nadie ha estado en la entidad de Florentino Pérez, que yo recuerde de esta manera particular, tan negado por su mismísimo presidente para ocupar una titularidad en un equipo de escaparate internacional como evidentemente es el Madrid. Keylor lo debe haber sabido desde siempre, pero se entiende que siga luchando hasta el final.
 
Nada le regalaron al portero tico. Todo se lo ganó a fuerza de muy buenas actuaciones, de trabajo a destajo, de ningún tipo de renunciamiento, de capacidad física y mental para tener que ser siempre el mejor por sobre sus compañeros para que se le reconociese sólo la mitad de su entrega y efectividad.
 
Cada temporada ha estado más en la puerta de salida que adentro del club. Solamente la falta de oportunidades para fichar a alguien de nivel, y la tozudez de Zinedine Zidane, le mantuvo bajo los tres palos merengues las últimas temporadas y a salvo de la espada de Damocles de Florentino pendiendo sobre su cuello. No mentiría si digo que su concurso ha sido fundamental para la consecución de las últimas Champions League que conquistó el Real Madrid y esto, todo el madridismo lo sabe, aunque callen conociendo las reglas del juego blanco.
 
Lo de Thibaut Courtois es casi un hecho consumado esta vez, casi mucho más que aquel acto bizarro de hace un par de años atrás en que Keylor estaba esperando dentro de un avión particular su salida para Manchester, y David De Gea su entrada al Santiago Bernabéu. Una operación económica abortada en ese ‘impasse’ de espera entre aviones sólo fue un adelanto de lo que tarde o temprano tiende a concretarse.
 
No sé si su fuerza moral seguirá tan sólida como para quedarse en Chamartín y disputar el puesto con el belga, porque si este llega, seguro no será para "calentar banquillo". Admito que el costarricense sí tiene algo que le sobra; es esa fe inquebrantable en sí mismo, esa capacidad de superación que le ha convertido, para los que observamos el juego desde la igualdad de oportunidades y la productividad, en uno de los mejores porteros que el Real Madrid ha tenido tras la ‘espantada’ del capitán Iker Casillas… pero, el palco almidonado manda en el Bernabéu y a eso ya lo sabemos de sobra, Keylor Navas el primero.
 
Martín Onti
 

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