Martín Onti: Lo inevitablemente fatídico

La liga española llega al ecuador de la competición. No significa, por lo tanto, que de un resultado que se produce hoy vaya a depender la vida o la muerte del momento. Queda medio torneo por jugarse todavía y para los puestos de Europa habrá tiempo para arreglar el “desaguisado” aún. En realidad, lo importante para los equipos hoy es posesionarse mentalmente de cara a saber si ese acceso a mejores emolumentos, que es lo que significa jugar las copas del continente la próxima campaña, es viable o no.
 
Sin embargo, hay detalles que debieran tenerse en cuenta al margen de la altura de LaLiga en que estamos. Una mala decisión podría entenderse como el motivo principal de una serie de errores que pueden terminar pasando una pesada factura luego. Revertir situaciones conlleva una presión diferente dependiendo de las urgencias que dicta el presente, y eso debe tenerse en cuenta para no arrepentirse cuando ya no hay tiempo para ello.
 
En esta "fatídica" jornada final de la primera vuelta del campeonato español, y la llamo inevitablemente fatídica, dos instituciones acostumbradas a ser protagonistas principales del torneo, han sufrido sendas consecuencias negativas que podría costarles una situación que sí podría estar ligada a la fatalidad, o dicho de otra manera a despedir a sus técnicos o acusar económicamente, que de eso se trata, su posición final en la clasificación.
 
El Valencia y el Villarreal de similares orígenes geográficos, parecen también compartir la falta de fortuna no sólo en los resultados sino también, y además, del mal designio de los dioses en la toma de decisiones desde el punto del penal. A los dos les toco el mismo destino en sus encuentros –ante el Valladolid a los de Marcelino García Toral y ante el Getafe a los de Luis García Plaza- como una advertencia del infortunio. 
 
El penalti que le detuvieron a Rodrigo Moreno y el marrado por el camerunés Toko Ekambi, no sólo demostraron la incertidumbre, prima hermana del miedo, en los banquillos de Mestalla y La Cerámica, sino también en quienes están señalados para asumir esa condición de lanzadores titulares en el Valencia y en el Villarreal respectivamente al no imponer una orden pensada en frío y no en el fragor de una lucha.
 
Ni Marcelino ni Luis García dijeron nada hasta el final, varios minutos más allá del daño, y eso les retrata a ellos como a Dani Parejo y a Santi Cazorla, responsables de las penas máximas en sus clubes. 
 
En síntesis, de poco sirve alabar a la lógica cuando se habla con el periódico del lunes. Todo queda claro a los ojos de lo que vimos como una realidad que se empecina en castigar a la mediocridad. Cada cual cosecha lo que siembra, más cuando la ayuda desde el pánico se hace tan obvia.
 

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