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Martín Onti: Lateralización y profundidad

Existen vías de distintas intenciones y actitudes. La lateralización y la profundidad sostienen diferenciadas maneras de llegar a un objetivo. Una es, si se quiere, más pensante como medio de conseguir un propósito y, la otra, contiene mayores urgencias.
 
Si bien ambas pueden ser consideradas como válidas para la consecución de una propuesta, también ambas dejan ver el origen de una convicción que denota un acierto o un error a la hora de la ejecución.
 
Mala o buena, esta intención puede obtener resultados que indican si el camino asumido es el correcto o necesita ser modificado. El Barcelona de Ronald Koeman se encuentra en esa senda. Desde que el neerlandés arribó a Can Barça, los estados de análisis han sopesado esa gestión personal que este ejerce como entrenador yendo de mayor a menor.
 
Podríamos decir también que el Barcelona no es Koeman y su propuesta personal de juego, sino lo que ha intentado ser desde su metodología ‘cruyffiana’ a través de Josep Guardiola y sus correspondientes ‘continuistas’, llámense estos Tito Vilanova, Tata Martino, Ernesto Valverde, Quique Setién o quien se haya sentado en la poltrona de mando azulgrana. 
 
El sistema ‘Made in La Masía’, por llamarle de alguna manera, ha confundido de alguna forma el desarrollo de esa identidad a la que ahora se aferra su nuevo técnico, pero no quienes tienen pensamientos opcionales cuando uno se queda atrapado en lo improductivo. El concepto final puede no aceptar discusiones, sin embargo, los caminos de llegar con éxito a un objetivo tienen sus alternativas y estas dependen de quien, o quienes, las pongan en práctica.
 
Ante el Levante, en un nuevo mediocre partido del FC Barcelona, la victoria llegó a través del camino opuesto al que acaricia Koeman y, en apariencia, todo el estamento culé. Lionel Messi anotó el gol del triunfo en casi la única oportunidad que generó un Barça profundo, veloz y certero del que parece renegar su estratega. Quizás iluminados por error del adversario, acierto de Griezmann y definición del argentino, el Barcelona sonrió en el Camp Nou.
 
Con cierta razón Diego Maradona solía acusar con dedo crítico esta diferenciación. En un campo de juego, las porterías están al frente, no al costado. La efectividad de un equipo no debería ser contabilizada por minutos de posesión sino por la concreción de oportunidades en la meta rival. De nada vale un altísimo porcentaje de propiedad del balón si este no traduce en cifras su pertenencia.
 
No es tiempo, quizás, de denostar el sistema de La Masía rotundamente, sin embargo, sería útil rever el pasado y el presente azulgrana para ‘modernizar’ la propuesta contemporánea y amoldarse a las nuevas urgencias del juego. Tanta lateralización va en contra de la sorpresa que el fútbol necesita para despertarse de ese letargo en el que Ronald Koeman parece sentirse cómodo sin enterarse que, quizás, la profundidad podría acercarle a una más placentera realidad.

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