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Martín Onti: Las figuras geométricas del Madrid

Un triángulo isósceles es un polígono de tres lados, donde dos de ellos tienen la misma medida y el tercer lado una medida diferente. Cuenta con tres ángulos donde la base es la que mantiene los ángulos iguales y el tercero varía por lógica compositiva de sus elementos.
 
El rombo, en cambio, es un cuadrilátero, es decir, que posee cuatro lados y al mismo tiempo, un paralelogramo que significa que todos sus lados tienen la misma longitud con acotada variación de la forma.
 
Una línea plana es una recta de principio a final que puede tener modificaciones de movimientos que no desarmen su esencia de conformación física. Si una punta se desfasa, la otra lo hace en sentido contrario, o toda la figura lo hace con un sentido de conjunto.
 
Bien, no se trata aquí de dar una clase de matemáticas o trigonometría, sino de basarnos en formas geométricas para jugar a entender a este nuevo Real Madrid de Zinedine Zidane en ausencia de Hazard, Isco y Asencio. El modelo con que intentó innovar el técnico francés el funcionamiento de su equipo es aceptable no como absoluto, pero, sí como propuesta de variantes que podrían ser utilizadas de acuerdo al adversario y a las condicionantes de ocasión. 
 
Con las imágenes del triángulo isósceles, el rombo y la recta, podemos visualizar la propuesta futbolística del conjunto blanco anoche en el empate ante la Real Sociedad de Imanol Alguacil y, así, permitirnos jugar con los conceptos científicos. 
 
El mediocampo merengue basó en Anoeta su armado de juego en dos hombres como Luka Modric y Toni Kroos, como la base ‘isoscélica’ de su creación futbolística, con Martin Odegaard como el ángulo diferente que sirviera también a la creación de un rombo ofensivo donde junto a Vinicius Jr., Karim Benzema y Rodrygo Goes fueran las aristas del ‘paralelogramo’ atacante. Detrás, la recta permitía a las puntas, Dani Carvajal y Ferland Mendy, desfasarse sin romper la forma original que buscaron conservar siempre Sergio Ramos y Raphael Varane.
 
Entrada la segunda parte llegaron los cambios, y el Madrid volvió a ser aquel antiguo Madrid de Casemiro como poderoso pívot defensivo; traslado físico de Fede Valverde y mayor atrevimiento atacante donde quedó igualmente al descubierto la soledad que persiguió a Benzema desde el inicio del juego. Esto último, sin importar qué figura geométrica se aplicara.
 

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