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Martín Onti: La tiranía del éxito

MADRID, España.- Versace, Gucci, Chanel, Louis Vuitton y muchas otras marcas de alto standing en el mundo de la moda, marcan en cierta manera la marcha del negocio de la alta costura. Tomadas estas empresas como ejemplo de comparación con los clubes de fútbol, bien podría ser el punto de partida para comprender la temática a la que se entregan las grandes instituciones para mantenerse en el pináculo de una gloria deportiva que va y viene generando un mercantilismo necesario en los días que corren.
 
Un Real Madrid ajado, en preocupante estado de incertidumbre y con urgencias de intervención inmediata, se ha puesto en marcha de cara a la próxima temporada. Una campaña en blanco, y no por el color de su camiseta precisamente, ha impulsado a su presidente, Florentino Pérez, a poner en marcha la ‘Operación Reforma’ con la inmediatez que el tema amerita.
 
Por ejemplo, aquellas reconocidas casas de moda no podrían, ni deberían, por estrictos motivos comerciales, si se quiere, dormirse en la colección de la temporada pasada depositando en ella los logros de la que vendrá. La alta costura se mueve a tal velocidad en el exitismo de hoy como lo hace el fútbol nuestro de cada día.
 
En esos parámetros de vivencias similares de mueven unos y otros, que un pantalón, o una camisa, o un par de zapatos ya son obsoletos porque no han conseguido sobrevivir a las exigencias del público, significan la muerte de esas prendas y el reinvento de una nueva colección que atraiga, que venda, que ilusione y que, fundamentalmente, conserve los valores de una marca acostumbrada a generar una economía de confort.
 
La misma historia trasladada al plano deportivo, y al Real Madrid en este caso, no tiene diferencias mayores. Que un Dani Ceballos, un Isco, un Keylor Navas o un Marcos Llorente no vendan como para generar los dividendos esperados, es tomado como un capítulo de cierre que antecede al reinvento de las vidrieras en las tiendas para la estación entrante. Allí es cuando los modelos Hazard, Mendy, Pogba y Mbappé entran a tallar para atraer ávidos compradores de ilusiones, porque, para ser honestos, generar ganancias depende del éxito de un producto en todas y cada una de sus mínimas expresiones.
 
La tiranía de la moda, como la del fútbol, no sólo se presenta desde la tristeza de entender las ecuaciones numéricas sino, muchas veces, de darse cuenta de ello y no poder hacer otra cosa que continuar en persecución del éxito deseado.
 
Martín Onti

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