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Foto: Getty Images

Martín Onti: La ley y la trampa

MADRID, España.- Bien podríamos basarnos en un viejo refrán siempre de actualidad que dice "Hecha la ley, hecha la trampa". Eso es lo que tienen los dichos populares, y eso es también lo que tiene el paso del tiempo reafirmando lo presente y constante en cada uno de ellos. En el fútbol siempre ha habido ley y trampa –dónde es que no las hubo me dirán ustedes- y no puedo más que darles la razón desde mi experiencia, y corroborarla desde lo que la actualidad de este deporte muestra a diario.

En teoría las instituciones están allí para impartir normas que sus jugadores deberían cumplir. Contratos que de leoninos tienen poco más que los que establecen los directivos cuando se trata de ventajas y desventajas monetarias. Se hace valer, eso sí, la letra pequeña cuando la conveniencia mercantil es la que debe ser aplicada, pero, la vista gorda deja pasar por alto, o por bajo, los intereses secundarios que ellos llaman de contemplación.
 
Cada entidad, en su comprensible proporción, posee un capital valioso en sus jugadores. Esos patrimonios son la base de su sustento no sólo futbolístico sino empresarial, sobre todo, y en ellos descansa cada club para proponer el éxito de una temporada o de la sanidad económica propia.
 
Cuando se contratan deportistas de otras instituciones, los mismos tienen que estampar sus firmas sobre normas detalladas que deben ser respetadas para su cumplimiento. Sin embargo, siempre esa ley establecida bajo la severidad inicial de lo escrito y sellado casi siempre termina siendo vejada, incumplida en tenores diferentes, y procesada teniendo en cuenta el atrevimiento y el caché del infractor vistas desde la clemencia y conveniencia del patrono.
 
Esas leyes existen, y también existen las trampas para evadirlas. Lo cierto es que los evasores saben hasta dónde pueden ejercer su poder para activarlas y los mandamases para impedirlas. El juego de la vigilia nunca termina siendo un juego, porque nadie acepta lo que no quiere aceptar.
 
Lo concreto es que, y sólo por mencionar a un "agitador" consumado como es el atacante francés del Barcelona, Ousmane Dembélé, estos siempre terminarán saliéndose con la suya a menos que el ejemplo de una sanción recaiga de manera modélica sobre sus espaldas. Alguna vez la ley deberá enseñarle a la trampa que no es lo suyo la permisividad y el perdón continuo.
 
Martín Onti
 

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