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Martín Onti: La impotencia de hoy

BARCELONA, España.- Luis Enrique Martínez se sintió atacado, presionado sobre su presente y dubitativo sobre su futuro. Cuando una persona contraataca desde el verbo, lo más seguro es que se sienta afectado por lo que está ocurriendo con tal o cual tema y la respuesta, que no se hizo esperar en conferencia de prensa previa a su encuentro ante el Villarreal, denotó que el técnico asturiano está tocado, sentido y ya no quiere seguir jugando a la batalla naval de cada entrevista.

 

Ese ‘Antes que preguntar por los pinchazos de principios de año, yo preguntaría por los títulos que hemos conseguido a lo largo de estos dos años’, deja al descubierto que el Barcelona y su estratega no se sienten cómodos en este principio de 2017 en el que suman una derrota ante el Athletic de Bilbao por la ida de los octavos de final de la Copa del Rey y, hoy, un tan angustioso como inmerecido empate ante el conjunto de Fran Escribá.
 
De todas maneras, la injusta igualdad en el nuevo escenario del submarino amarillo deja a los de Luis Enrique muy alejados de la ilusión de repetir título en la Liga española, y menos aún teniendo en cuenta que el Real Madrid continúa desempeñando un nivel de juego que lo impulsa a ser el casi seguro campeón de la presente temporada.
 
El mal funcionamiento de este Barcelona del técnico asturiano, tiene tres causas generales que vistas desde una perspectiva personal aportan lo suyo para sacar tal deducción.
 
El primero, de corte ancestral y vivencial, siempre ha viajado en dirección a la capital. Es esa frustración que sienten desde la Ciudad Condal para todo lo que signifique un éxito de la entidad blanca. Sean estos títulos a nivel institucional o individuales, los logros merengues escuecen en el Barcelona y provocan, aunque no se reconozca abiertamente, merma de la capacidad futbolística y anímica como en este caso.
 
El Segundo, de carácter administrativo, se produce por los graves inconvenientes que aquejan a la directiva azulgrana desde el mal manejo de contratos en que la verdad ha sido ocultada -el caso Neymar concretamente- sumada a la problemática de impagos de impuestos de algunas figuras como Messi, Mascherano y Alves, que, se quiera o no, terminan trayendo inconvenientes en la faz deportiva para quienes incurrieron en dichas faltas.
 
El tercero, el futbolístico puramente dicho, tiene que ver con la incapacidad estratégica-táctica de un entrenador que nunca estuvo, ni en horas triunfales, a la altura de un equipo de primerísima línea, y que si los pasados objetivos se consiguieron, fue por convencimiento y juramento de los futbolistas comandados por Messi desde el vestuario. Algo que hoy no parece ocurrir.
 
Si a esto le sumamos las pésimas contrataciones que orquestó este cuerpo técnico –salvo la de Samuel Umtiti- el círculo se termina cerrando para poder comprender la impotencia del presente culé y aceptar las cercanas posibilidades de haber quedado casi afuera de la Liga hoy y de la Copa del Rey esta misma semana.
 
Martín Onti
 

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