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Jugadores del Barcelona, el delantero uruguayo Luis Suárez y el brasileño Malcom celebran el primer gol del equipo blaugrana durante el encuentro correspondiente a la jornada 31 que han disputado frente al Atlético de Madrid en el estadio del Camp Nou.EFE

Martín Onti: La complejidad de una noche en el Camp Nou

MADRID, España.- Podría focalizar este artículo sólo en la complejidad que encierra el fútbol. Sin embargo, no sólo se trata de mirarse en el espejo del deporte y particularizar situaciones desde el punto de vista que pasa por el balón, como en este caso. Esta noche el Barcelona terminó imponiéndose al Atlético de Madrid in extremis, cuando aceptar un empate hubiese sido también justo a tenor de lo que vimos sobre el césped del Camp Nou.
 
No puedo mentir y decir que me voy del barrio de Les Corts alegre por lo visto con el triunfo culé. El conjunto madrileño, aún con uno menos desde el minuto 26 del encuentro, no mereció perder. No podría justificar lo contrario, no solamente desde el aspecto espiritual, al que no renunciaron jamás los de Diego Simeone, sino que desde lo futbolístico el Atleti hizo un planteo de juego brillante y se aprovechó de ese altruismo mal entendido que suele practicar el Barça de tanto en cuando en situaciones similares a la de esta noche.
 
No vale cementar lapidariamente la actitud de Diego Costa cuando el juego todavía estaba abierto, vivo y coleando. Es verdad que son alternativas que cuentan en la historia de este tipo de partidos y que el comportamiento de los jugadores tienen su incidencia, más aún  cuando lamentable, como en esta infantil reacción del delantero hispano-brasileño se jugaba, en la realidad, la última carta de luchar con ciertas posibilidades por LaLiga.
 
El encuentro en sí, tuvo muchas facetas que nos dejan sensaciones para apoyarnos en el análisis de lo ocurrido. La complejidad es una medida patrón para entender que existen actos de la vida que generan momentos cambiantes, hechos de distinta lectura a medida que van ocurriendo. 
 
Comprender que este partido era uno antes del inicio, otro hasta el minuto 26, ajustado a las causalidades hasta el 84, y determinante, y hasta triste, desde entonces hasta el final en el que el Barça se llevó este 2-0 como trofeo que le conduce a un casi seguro nuevo título, es parte del aprendizaje diario de cada uno de nosotros.
 
La complejidad que intento describir aquí me deja ver que si bien el FC Barcelona ganó este juego, el equipo de Ernesto Valverde adolece de ese sentimiento opuesto a la desidia que se necesita en situaciones límites para sentenciar lo que la fortuna suele otorgar como premio, y al mismo tiempo me muestra que en el bando de los que nunca renuncian hay siempre una esperanza con la que se puede morir feliz, aún en el dolor de la derrota.
 

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