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Martín Onti: Intensidad y dos cabezazos

BARCELONA, España.- Y Sergio Ramos volvió a hacerlo otra vez. Empató un partido perdido en el Camp Nou frente al Barcelona en el momento más dañino para los catalanes. En ese minuto final en que la sentencia del gol marca a cielo abierto las debilidades de uno y las fortalezas del otro, la justicia fue el cabezazo que le dio una igualdad merecida al Real Madrid en un encuentro marcado por la intensidad y resuelto en jugadas estratégicas a balón parado.
 
 
Ante la desaparición de propuestas de buen fútbol –sólo algunos pasajes tras la entrada de Andrés Iniesta derrumban esta realidad- queda sólo por destacar la trabajada intención de los capitalinos. En ella, la muy acertada opción de Zinedine Zidane que en posesión de 6 unidades de ventaja en la tabla general de La Liga planteó con la energía de la presión espacial un resultado que les conviniese, fue la que dejó en claro la diferencia que existe hoy entre la sapiencia madura de uno y la soberbia caprichosa del otro.
 
Cerrando líneas y asustando con su hoy casi nulo contragolpe, el técnico francés encontró en Luka Modric el mejor conductor de su propuesta hasta que debió cambiar de estrategia tras el dudoso tanto de Luis Suárez. 
 
A partir de allí, las modificaciones en el Real Madrid le devolvieron al conjunto merengue el control que los de Luis Enrique habían encontrado ocasionalmente, por las circunstancias fortuitas del juego tras el gol del uruguayo, y Ramos, sobre el pitido final, les hizo pagar con el peor de los castigos la incapacidad ya innegable del entrenador asturiano para reconducir partidos en los que Lionel Messi no aparece.
 
 
 
 
Dos cabezazos oportunos; dos goles; e intensidad para controlar el juego ante un adversario que juega incómodo cuando ello ocurre; fueron las bazas del equipo de Zinedine Zidane que apunta seriamente al título aunque falte mucho camino aún por recorrer.
 
 
 

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