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Martín Onti: Ganancias y pérdidas

Algún sentido debe haber para que el cierre del mercado de pases en el fútbol español se extienda hasta la tercera jornada de LaLiga. No atender apropiadamente esta búsqueda de ese algo que algunos no queremos ver sólo nos hace más necios. No es motivo para la autocompasión que nos lleguemos a sentir menos mal por no estar solos en esta trama, sino de ponernos serios a la hora de encontrar quiénes ganan y quiénes pierden en esta historia.

Al margen de los ejercicios de salud económica que bien se podrían aducir, y que la gran mayoría podríamos entender en defensa de las instituciones, no se hace admisible ni tolerable que dentro de las mismas se transite, pasado el inicio de los torneos, con el Jesús en la boca.

La desestabilización del entramado que sustenta este negocio es manifiesto. Como si no faltaran motivos para agregar al desconcierto que ya se viene sumando al final de cada temporada con la superposición de fútbol internacional, viene el cierre tardío del mercado y hace sus propios y mayores estragos. De nada sirve ya apuntar a que otras ligas europeas tengan también su cierre de libros de pases con sus campeonatos en juego.

Si la pasada campaña fue el Mundial de Rusia 2018, esta vez fue la Copa América Brasil 2019, y si no, serán compromisos ineludibles al final de la temporada que expira, superpuesta casi en tiempo con la que se iniciará a pocos días vista. El calendario del dinero no tiene descanso, pero, no se puede pretender que quienes lo mantienen en calidad de protagonistas sean inmortales.

En el círculo vicioso que se transforma este fútbol contemporáneo, las consecuencias deben estar pensadas y admitidas al menos, como preocupantes. No juzgar esta problemática es no querer entender los peligros que acechan desde los escritorios por gente que sólo piensa en bienestares mercantiles.

Es lo suyo traer a colación el viejo proverbio de la manta corta para la ocasión. No se pueden sobreponer actividades que perjudiquen física o mentalmente –o ambas a la vez- a quienes son los principales actores del espectáculo, por la sencilla razón de que corremos el riesgo de quedarnos sin ellos.

La organización de este apartado debe estar reglamentada de alguna manera que dé pie a la transparencia honesta para el bien del fútbol. Si un internacional juega un torneo fuera de los límites propios de un calendario regular al que se debe, ese jugador, en este caso y por regla establecida, tendrá que cumplir con un forzado, mandatario y obligado tiempo de descanso. De esa manera las lesiones, producto de la falta de preparación, de ansiedad por un regreso inapropiado a la competencia, y la necesidad de no fallarle a sus compañeros y a la afición, no se producirían por tener que cumplir con una situación contractual requerida.

Martín Onti

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