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Martín Onti: Ese miedo imperturbable

Algo de extremo e inevitable miedo se siente cuando uno está en la frontera de la derrota. No es de necios sino de valientes reconocerlo y asumirlo. Siempre se estará al borde de la indecisión cuando se llega a un punto en que no se sabe muy bien qué es lo que nos espera más allá de los límites de nuestras resoluciones finales. Lo imperturbable del miedo es justamente saber que existe para luego poder vencerle.

Sinceramente, y habiendo seguido la sufrida carrera deportiva de Keylor Navas para llegar a donde ha llegado, no esperaba del portero costarricense que firmara su continuidad en el Real Madrid tras el arribo del belga Thibaut Courtois, más aún luego de haber quedado relegado a la insostenible suplencia de un hombre acostumbrado a la titularidad bajo palos de la institución merengue y como artífice de las pasadas conquistas basadas, en gran parte, a sus encomiables actuaciones.

No significa esto que debamos dudar de la capacidad del guardameta belga para ser el dueño de la portería blanca. De ninguna manera. Sólo que se me hace muy difícil entender esta situación particular en que sin más razones que la de la inversión económica como justificación a la verdadera que siempre incomodó a Florentino Pérez, el ‘Tico’ haya firmado una temporada más a sabiendas de una realidad que le descalifica a ojos de los entendidos, al menos en mi comprensión del honor de una persona.

No hace mucho hacíamos una comparación de las ventajas de tener dos grandes porteros en entidades como el propio Madrid y en el FC Barcelona. Nombrábamos precisamente a Navas y a Courtois en los madrileños y a Marc-André ter Stegen y Jasper Cillesen en los catalanes, destacando que estos cuatro futbolistas están entre los mejores diez en su puesto en el mundo. Hacíamos referencia a la valentía que había que asumir para ser el segundo en cuestión y, si mal no recuerdo, enfocábamos el orden establecido donde Keylor era el que estaba y Thibaut venía a quitarle la titularidad con armas nobles. Ahora reconozco que me equivoqué. Pero, más se equivocó Navas.

Antes de que alguien gestione una defensa con argumentos erróneos en la portería del Barça, diré que quien sostiene la titularidad es el alemán, quien tenía esa condición antes del arribo del holandés, y que al revés de lo que sucede en la capital del reino, la lucha está mejor balanceada desde las posibilidades, los privilegios y las decisiones prioritarias, con la salvedad de que en la Ciudad Condal ambos son europeos.

Uno puede analizar y entender las razones que han movido al costarricense a aceptar un contrato que le da permanencia en el banquillo para las competencias de fuste, pero, de allí a congraciarnos con su miedo dista un mar de tantos desacuerdos como la distancia geográfica y social que existe entre la Bélgica de Courtois y la Costa Rica de Navas.

Martín Onti

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