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Martín Onti: Entre Piqué y Valdano

Martín Onti: Entre Piqué y Valdano

MADRID, España.- Siempre que Gerard Piqué se para adelante de un micrófono, una pluma, o cualquier aparato reproductor de sonidos, sobre todo de esos que duelen en Madrid, el pan se vende a un monto de exorbitancia, y si encima viene Jorge Valdano para hablar sobre lo que haya dicho el defensa catalán, la panadería completa no tiene precio.

Pues algo de esto ha ocurrido tras la gran victoria en París de esta España de Julen Lopetegui, más agradablemente reconocible desde su juego ahora, ante el modelo de una Francia taciturna que continúa dirigiendo Didier Deschamps.

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Sin embargo, cuando tendríamos que hablar de lo bien que se están acoplando las ideas de Lopetegui en La Roja; del acierto de algunas nuevas incorporaciones al equipo, como la de Gerard Deulofeu; de la amplitud de la plantilla que va conformando el estratega guipuzcoano; del buen desarrollo del juego, de la efectividad y la toma de conciencia futbolística que nos lleva a pensar en que el retorno a los viejos y gloriosos tiempos es posible, llega Piqué y nos devuelve a esta amarillenta realidad.

Hablar de fútbol sería lo nuestro, pero es que no se puede obviar el contexto general de un vestuario en el que varias piezas se unen bajo distintos idiomas, no ya de lenguas sino de ideas, que vienen a ser las que tarde o temprano terminan influyendo en el juego del equipo.

Por ello lo apropiado es aclarar que Piqué es Cataluña antes que otra cosa, incluso, me atrevo a decir, antes que el mismísimo fútbol. Sólo a aquel que conozca las entrañas de la región catalana se le podría explicar esta diferencia con la esperanza de ser comprendido. Para una persona como el central del Barcelona, los valores pasan por espacios diferentes y su perspectiva tiene el color de la senyera antes que los de su club, aunque sean estos los de su corazón azulgrana.

Y así encontramos de repente a Valdano en la acera de enfrente, con su disfraz de mercenario mezcla de francotirador y aliado, pretendiendo entender un discurso incomprensible para su prosaica sabiduría, para colmo, de moldeada raíz merengue que le desautoriza moralmente para opinar sobre el enemigo por antonomasia.

Nada cambiará y, digo esto para recapacitar yo también que cada día que de aquí en adelante Gerard Piqué gesticule ante el aire que cruce su alargada figura, la historia siempre volverá a ser la misma. Es cuestión de tiempos y costumbres para volver a este eterno ‘déjà vu’. De tiempos, para que vuelvan a repetirse las reacciones del internacional español, y de costumbres, para que personajes, como la multifacética celebridad que representa Valdano, acepten que las cosas a veces son realidades en nada emparentadas con la dialéctica y el Show Business.

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