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Martín Onti: El turno de Sergio Ramos

Florentino Pérez, el presidente del Real Madrid, tiene siempre en sus manos en poder de sostener a los dioses en sus atalayas o bajarles propiamente a nivel terrenal. Lo hizo con Cristiano Ronaldo unos años atrás cuando el portugués tensó la cuerda en la entidad merengue teniendo que dejar el club rumbo a la Juventus de Turín. Hoy, el turno es de Sergio Ramos.
 
Una historia similar enfrenta los egos en el Madrid de nueva cuenta. El defensa andaluz, que parece no entender los tiempos que corren, presiona al club para conseguir sus propósitos, los que caben en su cabeza, sin que tengamos una idea clara sobre las intenciones finales del defensa y actual capitán blanco.
 
Al margen de que para el tratamiento de este tema debamos hacer hincapié en los objetivos inciertos que persigue Sergio Ramos, no podríamos abstenernos de opinar en base a las suposiciones que su comportamiento nos ha ido dejando ver.
 
El central sevillano no sorprende a nadie con su postura no exenta de cierta soberbia. A los jugadores de élite en el ocaso de sus carreras deportivas se les adivina las intenciones fácilmente. El dinero, el poder económico, y esa premura por el bienestar de sus cuentas bancarias son los motivos prioritarios de sus actos, y Ramos ha demostrado que no es la excepción a esta regla.
 
A partir de dicha premisa, presionar sobre estos aspectos abre la perspectiva de que todos sus movimientos estén orientados a tratar de sacar ventaja de un momento puntual y lograr sus propósitos. Otra cuestión, que va siempre en paralelo cuando se busca la consecución de objetivos, es la utilización de variadas herramientas para la conquista de estos.
 
La tensión entre presidente y capitán del Real Madrid, terminará de una forma que tiene una lectura lógica y esperada. Nadie duda de que decidirá, como ya lo hizo con Cristiano Ronaldo, Florentino Pérez, por más que Ramos sea el hombre que ha roto récords por doquier en el fútbol español y, además, en el ámbito internacional.
 
Todos sabemos que las instituciones están por sobre los hombres, sean estos quienes sean, y si, encima, en la ecuación tercia uno de los empresarios más poderosos del mundo con poder de decisión y con sus pies anclados en la realidad de nuestros días, la respuesta final queda, presuntamente, más que servida.
 

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