Martín Onti: El ritmo y la concentración

Las dos premisas viven en consonancia, sin embargo una de ellas no puede existir sin la otra. El ritmo y la concentración se deben favores en el sistema que Ronald Koeman intenta aplicar en su Barça y esto obliga al trabajo extra que la actitud tiende a demandar de sus futbolistas.

Vaya tarea en 90 minutos para gente de carne y hueso, para jóvenes abocados a cumplir exigencias en tiempos de cambios constantes. Debería haber niveles calificativos en el fútbol de hoy que sometan a diferentes análisis el juego contemporáneo. Pero no es así, lo esclavizante en que se convierte el resultado derriba toda la fantasía que encierra una teoría que ni siquiera era válida en tiempos de normalidad.

Hemos visto fútbol por espacio de una larga temporada y media sentados, literalmente sentados, frente al televisor, y sólo podemos juzgar desde este ‘ángulo deshumanizado’ el material de trabajo con que contamos. No ha existido ese ‘feeling’ de la inmediatez física que permite adivinar detalles en los alrededores del juego. Todo ha sido a golpe de una percepción basada en la experiencia acumulada por los años alrededor del balón.

La imagen de la tecnología, de la que seguimos dependiendo por ahora, nos va enseñando cosas que no teníamos tan en cuenta cuando todo era normal. El juicio se ha vuelto sorprendentemente bizarro por momentos y lastimosamente cruel en otros.

Pero, volvamos al tema que no sólo concierne a Koeman, sino a cada uno de los intérpretes de estas historias de remanso lúdico que cada día la pantalla chica, en realidad cada vez más grande del televisor, nos regala a modo de tranquilizador, como si de darle un biberón a un niño hambriento se tratara.

Es verdad, como decía al principio, que el ritmo y la concentración que exige el técnico neerlandés en su equipo es lo propio para que el Barcelona imponga su juego –tal cual lo es para todos, desde el Atlético de Madrid y el Real Madrid arriba, como al Elche y al Eibar abajo- pero lo que Koeman prefiere no aclarar, quizás para no dar opciones de renuncias a su plantilla, es que una puede sobrevivir sin la otra.

El ritmo, sostengo, puede ausentarse sin la misma permisividad para la concentración. Esa es la diferencia que el estratega azulgrana debería dejar en claro. Estar en control de sí mismo, es tan fundamental para el logro de un objetivo como hacerle creer al adversario que al ritmo lo manejan ellos. Esa es la pequeña diferencia. Y si no, que se lo pregunten a Lionel Messi.

Martín Onti

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