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Martín Onti: El Rey Iker

Nadie sabe muy bien en qué preciso momento se torció el destino de Iker Casillas. O lo que es peor, qué hizo que sus días cambiaran en una dirección contraria a la que el ex portero internacional español pretendía para el final de su carrera como futbolista. Creo que apenas sólo él mismo lo sabe y, si acaso, un grupo muy selecto a su alrededor.
 
El amplio resto de hipótesis que le han conducido a este presente, contiene grados de verdades y falsedades que varían en detalles de cercanías al problema original.
Iker nunca pretendió irse del Real Madrid. El sueño fue siempre terminar sus días de corto en la entidad de Chamartín y no haciendo maletas desde donde le correspondiese empacarlas.
 
Los tres palos del Oporto nunca le descubrieron los secretos que acuñó bajo los del Madrid; el estadio Do Dragao jamás se acercó al Santiago Bernabéu ni en esplendor ni menos en candor; la ciudad definida entre el Duero y el Atlántico no era la meseta acostumbrada, y los recuerdos demasiados pesados para ir de colina en colina terminaron, de algún modo, con su frustrado renacimiento futbolístico.
 
Iker Casillas nunca quiso jugar en otro equipo que no fuese el Real Madrid; jamás se planteó siquiera alejarse más allá de Móstoles. Pero, el capricho del destino que le impuso Jose Mourinho, le envió justamente al club en donde comenzaron los éxitos internacionales del técnico luso y, curiosamente, donde terminaron los del portero madrileño.
 
El día que arribó al Oporto, su carrera deportiva había concluido. Mou lo sabía. Iker también. Desandar su propio camino es lo que ningún ser humano puede evitar, y ese fue el castigo contra el que le tocó en suerte a Iker Casillas perder. 
 
Había que reinventarse, porque esa es la condición primordial para la subsistencia, y la capital del reino puede que vuelva a abrirle sus brazos para contener de nueva cuenta al capitán del beso histórico. Dos son las alternativas para volver a una poltrona que, aunque incómoda, los reyes necesitan para su continuidad antes del final.
 
La presidencia de la Real Federación Española de Fútbol, que deberá pelearle a un incomodado Luis Rubiales, o un cargo de acuerdo a los galones que Florentino Pérez considere aún posee Casillas para volver al Real Madrid, son las posibilidades del retorno a su zona de confort. En ello está ahora el Rey Iker mientras la benevolencia de su miocardio le permita comprender, definitivamente, que no todo es blanco o negro en la vida.
 

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