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Martín Onti: El previsible Gerard Piqué

Es difícil, casi imposible diría yo, no conocer a Gerard Piqué después de tantísimo tiempo en el fútbol mundial. Pero más allá de conocerle por su carrera deportiva, se le conoce también por su trayectoria de vida, la cual ha estado, desde su adolescencia, enfocada en lo que hoy transmite y deja al descubierto el central del FC Barcelona.

Cuando hablamos de su trayectoria de vida, no podemos obviar el análisis de la personalidad de Piqué que le ha llevado a trascender fronteras, además, por ser un personaje conocido que preocupado con intenciones pensadas, evaluadas y ejecutadas, ha llegado al lugar planificado. No nos engañemos, Gerard Piqué está donde él quiere estar, no está en este artículo porque se nos ocurra a nosotros, sino porque así lo ha orquestado el futbolista-empresario catalán a través de muchos años de intrínsecas intenciones.

No mencionar a su esposa, la mundialmente conocida cantante colombiana Shakira, es una obligación que no podríamos pasar por alto, porque pienso, y aquí a título personal, cada mínima pieza forma parte del todo que Piqué ha acomodado en el gran puzzle que ha sido, es y será su vida.

Cada intervención del futbolista culé, o del empresario barcelonés, tiene hoy en día un trazado evaluado de cara al futuro. Hoy, sería impensable verle saliéndose del libreto marcado por su entorno -que no va más allá de sí mismo- para desentonar con una imagen que ha programado y puesto en vidriera con propósitos netamente político-comerciales.

Piqué ama la exposición mediática, entrañablemente adora la postura actoral que le permite campar a sus anchas en aras de sus objetivos, eso está en sus genes, y que conste que no estoy en contra de ello, sino de lo que esa gestión significa para un entorno endeble que no sea él mismo, donde él es el único con capacidad para medir consecuencias que puede el resto no querer enfrentar.

Para que se entienda esta observación, no iré más allá de sus últimas declaraciones en la que posiciona a Lionel Messi, y lo presiona, para contestar a una supuesta mala relación en el vestuario azulgrana. Sea o no una verdad lo que ocurre dentro de las instalaciones de Can Barça, Piqué no debe usar cada oportunidad para sacarle provecho propio. Esto también viene en el libro de las normas de honestidad de la buena gente.

Si Gerard Piqué quiere hacer de su trastero un florero, puede hacerlo. Nadie se lo podrá impedir. Pero lo que sí no puede esperar el central del Barça es que bajo el signo de lo previsible, porque simplemente viene de Gerard, todo un entorno deba estar sujeto a sus endiablados caprichos de niño malcriado con consecuencias indeseables.

Martín Onti

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