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Martín Onti: El mundo de Antoine Griezmann

MADRID, España.- Se podría entender el hecho de alimentar el ego de vez en cuando, más aún cuando un futbolista catalogado como estrella necesita de la exposición para trascender en este mundo de demandas exitosas continuas. Hay maneras de comprender ese paso tan difícil que es vender una imagen a sabiendas que de ello se depende para crecer en un mercado exitista y comercializado como es el fútbol contemporáneo.

Sin embargo, está la actitud del ser humano que siempre va bajo la piel de cualquier competidor y que obliga a mantener una conducta propia de compostura que, de perderla, deja al descubierto su estructura primaria. El equilibrio que una persona en constante crecimiento debe sostener para consigo mismo, es precisamente lo que el francés Antoine Griezmann está perdiendo con juicios personales que debilitan un perfil que nos había seducido.

Desde aquel chico paciente, dedicado y trabajador que conocimos en la Real Sociedad de San Sebastián a este casi indómito y agresivo insinuador de pareceres, dista todo un nuevo concepto amparado en éxitos que se suben a la cabeza si esta no está lo suficientemente capacitada para entender las diferencias entre logros individuales y colectivos.

No se le podrá negar al atacante galo la consecución de objetivos ni con el Atlético de Madrid ni con la Selección de Francia. Con uno al amparo de Diego Simeone y con el otro en medio del acompañamiento coral de un grupo que obtuvo de manera convincente la reciente Copa del Mundo en Rusia. 

En ambas situaciones, para ser sincero, Griezmann no fue pieza indiscutiblemente excepcional sobre la cual giraran ninguno de sus dos equipos. Fue, eso sí, muy importante como eslabón para el lucimiento de los Colchoneros y Les Blues, pero de ninguna forma crucial en el desenvolvimiento futbolístico para las conquistas españolas y francesas durante la temporada en cuestión.

Estar entre los 30 mejores futbolistas de la temporada anterior es un mérito que le compete y así queda absolutamente justificada su nominación para el Balón de Oro 2018 que se dirimirá el venidero 3 de diciembre. No se podría ser necio para obviar de dicho listado su nombre, y eso debería ser un verdadero aliciente para mantener la humildad y hacer del silencio una herramienta de justa proposición a tamaño premio. 

De nada vale señalar, patalear como un niño y despotricar a voces su inconformidad por lo que todavía no ha ocurrido, muy a pesar de que la gran mayoría presagie un final distinto al que se aferra Antoine Griezmann y por más que este, matice sus declaraciones posteriores.

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