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Martín Onti: El manga japonés

TOKYO, Japón.- El Manga, es el nombre japonés para describir una de sus ‘marcas registradas’ de entretenimiento más conocidas alrededor del mundo. Ese mismo que recrea una extensa variedad de géneros y llega a públicos tan diversos alrededor del globo terráqueo. El manga es una parte muy importante del promocionado mercado editorial de Japón y motiva múltiples adaptaciones a distintos formatos de animación. 
 
Continuamente se editan nuevas revistas con entregas de cada serie, al más puro estilo del folletín, protagonizadas por héroes cuyas aventuras, en algunos casos, seducen a los lectores menos pensados. A nadie debería extrañar entonces, que desde los años ochenta estos dibujos animados han ido conquistando al mercado internacional encallándose en el mundo occidental como un gran atractivo, e inclusive como una adicción.
 
En parte, de esta manera se impone una pasión. Cuando se ha instaurado en la mente de la gente la manía por un producto, se busca la manera de satisfacer, en la dimensión apropiada, la entrega de lo que produce placer. No muy lejano a esta sistemática es lo que grandes empresas, instituciones deportivas en este caso, tratan de proveer a quienes exigen una mercancía dirigida a provocar la necesidad en la gente.
 
La irrupción de la comercialización asiática en el deporte ya no es una novedad para el devenir del fútbol. Las cuantiosas sumas que se aportan en las grandes ligas europeas por parte de avispados inversionistas nunca fue exclusivamente por amor al balón. Está demás explicar la trama que se inicia con sustanciales aportes económicos a cambio de engrandecer sus ya saludables cuentas bancarias.
 
Así nace, entre otros, el fútbol en Japón. Un fútbol de nivel mediocre, sin trascendencia significativa desde el juego en sí, pero, muy importante desde la ficción que el negocio del manga trasmite a su pueblo. Así nace, además, la intención de promover leyendas con rostros conocidos como el de Takefusa Kubo en el Real Madrid, de Hiroki Abe en el Barcelona o de cualquier otro jugador nipón que sea posible calcar de los personajes que demanda el negocio del género animado, en este caso asociado al fútbol y al lucro que se persigue al punto de tener la osadía de proponerles para el Balón de Oro.
 
Lo mismo tenemos en cuenta, o casi lo mismo pero con facetas de distinto mercantilismo, cuando nos referimos al fútbol de China donde, por ejemplo, el mejor jugador posible de la actualidad de aquella liga, el atacante del RCD Espanyol, Wu Lei, pasa sin pena ni gloria por el fútbol español.

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