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Martín Onti: "El Mágico croata"

MADRID, España.- Podría compararle con Harry Potter y nadie levantaría una ceja en señal de asombro, ni menos de protesta. Definir al croata Luka Modric comenzó a hacerse fácil transcurrida su segunda campaña en el Real Madrid. Aquel mediocampista que llegaba del Tottenham Hostpur británico gracias a los caprichos que en su momento Florentino Pérez tenía, terminaron demostrando finalmente el porqué los berrinches del presidente inglés Daniel Levy tenían su punto racional. Pero claro, en la entidad londinense aún no había un modelo Mauricio Pochettino y el mago balcánico fue a encontrarse con la gloria que le esperaba en el Santiago Bernabéu.

Luka Modric, su juego en realidad, parece no tener relación con ese hombrecillo entre desaliñado y bucólico que pasea con cara de despistado por los campos de fútbol del mundo. Sus objetivos me recuerdan a los de Xavi Hernández. Pausado, sin prisas, pero acelerado inteligentemente por concretar lo que su cerebro ya tiene resuelto antes de que comience a gestarse el contacto físico con el balón.

Futbolistas como Modric, y Xavi, son distintos al resto de los mortales que juegan este deporte y únicos calcos del inmortal Johan Cruyff hasta donde mis conocimientos me avalan en un exhausto recorrido de nombres. El Balón de Oro entregado hoy al nacido en Zadar viene a premiar, por añadidura, al catalán ex Barça, devolviendo el sentido a las cosas y a la lógica del juego.

Aunque no sea lo mismo, esta premiación es toda una revancha del fútbol en honor a esa estirpe de creadores sin prisa por ejecutar las urgencias fuera de lugar, tiempo y forma. Dentro de ese capítulo, el medio de la antigua Égara romana, Xavi Hernández, recogió también en París, junto a Modric, el honor que le fuera negado un día por estos mismos que hoy deben aceptar el horror.

No hay modernismos, ni contemporaneidades que esa clase de genios deban adaptar a su inmaculado fútbol. Esa especie de jugadores fueron siempre imprescindibles desde la excelencia de una gestión que su rol intrínsecamente les exige y que ofrecen con total naturalidad, casi poseídos por ese desparpajo que fuerza la alegría de quienes aprendimos a valorar ese juego desprovisto de egoísmos.

Al fin hubo justicia futbolística, y no con esto pretendemos borrar del escenario actual a Lionel Messi y a Cristiano Ronaldo, no, no todavía, aunque esto se haya transformado en el aviso previo por el curso lógico de la vida ya explicado en notas anteriores. Sólo aquel que entiende exactamente de lo que va el desgaste físico, mental y espiritual que en ocasiones acecha al fútbol seguirá disfrutando con Luka Modric en estado de pausa circunstancial porque tarde o temprano el mago despierta, y siempre a tiempo de encandilar a su audiencia.

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