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Martín Onti: El equipo de Zidane y el equipo de Messi

MADRID, españa.- LaLiga se encamina a ser una cuestión de sólo dos equipos. El análisis, aunque pleno de síntomas extraños, no deja lugar para comprender otra cosa que no sea que el campeón estará entre el Barcelona o el Real Madrid. Ni siquiera bajo estado de catástrofe se podría uno imaginar otro final de campeonato que no sea una lucha por el título entre azulgranas y blancos.
 
 
Ahora bien, ya hemos visto lo sucedido en estos primeros juegos post pandemia y, aún admitiendo la rareza de los hechos de un torneo donde cada 72 horas los participantes salen a escena, debemos resaltar aptitudes e ineptitudes de cada uno de ellos para justificar una idea, esgrimir una razón para proyectar un pensamiento, y dar bases sólidas a lo dicho.
 
Hemos visto ya este nuevo fútbol en movimiento. De hecho podríamos decir que casi nos lo comemos a diario a través del televisor, y que deshilvanamos los detalles desde diversas perspectivas para entender lo que va ocurriendo en cada escenario, con cada club, y con sus protagonistas. Para poder ofrecer con criterio nuestra postura, centraremos la óptica en la parte alta de la clasificación. El fútbol tiene ahora un baremo de medida distinto al que todos juntos vamos adaptándonos.
 
Se podrá tratar de engañar con que tanto catalanes como madrileños se van metiendo en modo liga, arrolladores y triunfadores desde lo estadístico, pero nada más alejado de la verdad. Los partidos del Barça y el Madrid nos muestran a dos equipos de polos de juego opuestos, que sólo suman cuando la presión les obliga moralmente a cumplir con lo estipulado.
 
La propuesta futbolística del Barcelona de Quique Setién sigue dependiendo casi exclusivamente de Lionel Messi. La cercanía de los encuentros juega en contra no sólo para el estado físico de ‘La Pulga’, sino además para la ausencia de un juego consistente de este Barça, porque nadie en este plantel culé está hoy capacitado para conducirles al título de liga si Messi les faltara.
 
 
El Real Madrid, en cambio, más amalgamado, más sólido, más equipo, sufre de baches de concentración y dejadez sin previo aviso. De repente el conjunto de Zinedine Zidane desaparece de su propia escena, esa que hace suya cuando le viene en gana hasta que el pasotismo general pasa a ocupar los 360 grados de proyección de un momento que sólo depende de ellos.
 
La nueva normalidad en este punto también se asemeja a aquella vieja normalidad anterior al Coronavirus, cuando los libretos eran los mismos aunque con diferentes disfraces. Sin más que agregar, el Real Madrid sigue siendo un equipo con Zidane al frente y el Barcelona sigue siendo Messi.
 
Martín Onti

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