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Martín Onti: El diseño del monstruo

Nadie puede ignorar que, como última instancia, cada cual diseña sus propios monstruos y que sin la capacidad de destruirlos a tiempo, estos nos terminan devorando si no sabemos cómo ponerle fin cuando corresponde. Algo paradójico es lo que ha ocurrido con grandes figuras del deporte debido a las urgencias del ser humano a lo largo de la historia.
 
Gareth Bale, el futbolista del Real Madrid ahora con destino a su antiguo club, el Tottenham Hotspur, es el mejor y más reciente ejemplo de esta premisa. El entorno fue engullendo al jugador galés y sólo él deberá descubrir las razones, si todavía se puede decir que aun no las conoce.
 
Bale, ya con 31 años a cuesta, no es el mismo que 7 temporadas atrás cuando llegó a la entidad merengue. Su frescura existencial fue transformándose en tormentosa sin que él se diese cuenta. No hablo siquiera de su afinidad con el golf, deporte que practica casi en paralelo al fútbol, ni de sus coches, ni de sus propiedades, ni tampoco de los gustos mundanos que una persona con muchísimo dinero puede darse, ni menos de los caprichos que la fama conduce a una cabeza que no está preparada para ello.
 
De ninguna manera, porque debemos aceptar que Gareth Bale en el sentido material de la vida, no se ha visto jamás desbordado por las tentaciones mundanas a su alrededor, más allá de lo superficial que enfrenta una figura del fútbol en su día a día y con muchísimo menos dinero que el jugador británico.
 
El ‘monstruo’, metafóricamente hablando claro está, fue creciendo en la personalidad del futbolista galés por jugar en el Real Madrid. Para ello, y como medida principal para entender a este Gareth Bale, deberemos poner en perspectiva, aunque suene algo altanero, que jugar en el Tottenham, o incluso en la Selección de Gales, no es lo mismo que hacerlo en el club blanco.
 
La época en que Bale llegó al Madrid, no fue la más conveniente para el peor adversario que cualquier ser humano enfrenta, su propio ego. En un equipo que no le ‘valoraba’ como el nº1 que su fuero interno exigía, terminó devastando su personalidad primero, su validez futbolística luego, y su autoestima finalmente.
 
Por el bien de Gareth Bale espero equivocarme y que Jose Mourinho y el entorno de su antiguo club, termine desautorizando este punto de vista. Rediseñar al monstruo a veces no es posible, sobre todo cuando la carcasa ha sido sellada a fuego. El tiempo enjaulado en una idea, suele ser más fuerte que los barrotes de la más inviolable de las prisiones, el alma.
 

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