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Martín Onti: El Dilema Corneliano

En ‘El Cid’, obra del dramaturgo francés Pierre Corneille, el hecho de tener que escoger entre dos acciones que devienen en perjuicio propio, marca el desarrollo de la misma. Rodrigo, el protagonista, debe elegir entre su amor por Jimena, su amada, o la venganza de su propia familia agraviada por Don Gómez, el padre de esta. La elección ubicaba al joven en el medio de una segura pérdida, el de su amor o el de su honor. Esto, en resumidas cuentas, es lo que hoy conocemos como el Dilema Corneliano.

Ubicar en el ambiente futbolístico el trasfondo de uno de los clásicos de la tragicomedia francesa, bien podría reflejar la actitud de cuantiosos comportamientos en este deporte, puesto que a la hora de enfrentar decisiones afectivas, o que dicen serlo, los hechos ponen a sus protagonistas en el mismo lugar que el joven Rodrigo.

Sintéticamente, y salvando las lógicas diferencias de las épocas, podríamos decir que este es el caso de Josep Maria Bartomeu, al menos desde aquella nefasta noche de Lisboa en que el Barcelona se atragantó con el 2-8 que el Bayern de Múnich le endosó en cuartos de final de la pasada Champions League.

Reconozcamos que al menos, y para ser benévolos con el saliente presidente de la entidad catalana, esta sería la versión más favorable que podríamos conceptualizar sin tener en cuenta las innumerables artimañas de perpetuarse en un poder que ciertamente le fue esquivo desde que llegó a Can Barça.

El mandatario catalán, desde mucho antes de la citada fecha, había comenzado a desandar el camino de aquel dilema de leyenda teatral que enfrentó a Rodrigo ante la forzada elección que debía tomar. Bartomeu pretendió continuar los pasos del personaje que inmortalizó Pierre Corneille y, finalmente, eligió asirse a su insostenible postura en la silla presidencial ‘culé’ hasta perderla por su propio peso y con ello perder, también, su macerado honor.

Apenas un día después de que anunciara que no tenía motivos para dejar la presidencia del Barça el mandato de Josep Maria Bartomeu termina con una vergonzosa dimisión. El voto de censura firmado por 19.380 socios de los 16.521 necesarios según los estatutos del club, ha terminado con su caprichosa e insostenible intención de continuar como presidente del FC Barcelona.

Carles Tusquets, al frente de una Comisión Gestora, se hará cargo del club con la obligación de convocar elecciones en los próximos 45 a 90 días. Esta noche, mientras tanto, y en asumida acefalía presidencial, la Juventus en Turín espera a Messi y compañía en la capital del Piamonte italiano por la segunda jornada de la Champions League.

Martín Onti

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