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Martín Onti: El castigo de Anfield Road

También viene a ser que en la Ciudad Condal el desconcierto acecha. No se trata de desprestigiar al Granada por su esfuerzo, su ahínco, su nunca renunciar a la victoria a pesar de ser el adversario el todopoderoso FC Barcelona, ni menos dejar de soñar en grande aunque sean sólo cinco jornadas las que llevamos jugadas hasta el momento en LaLiga.
 
Ocurre que aquí no vamos a hablar del conjunto andaluz, porque si bien se respeta todo lo que está haciendo Diego Martínez en el inicio de esta temporada, en la que regresa a la primera división, el plato fuerte para comentar este artículo es el que por ahora continúa siendo el equipo que entrena Ernesto Valverde. 
 
Del Granada se puede decir que su plantilla está reducida a unos pocos nombres de cierto quilates -como Roberto Soldado y el francés Máxime Gonalons por ejemplo- que es ordenado en su propuesta futbolística y consciente de lo que puede esperar con lo que hay en el Nuevo Los Cármenes, que su buen inicio de temporada está bendecida por la buena fortuna, del no renunciamiento de sus hombres y de sus aficionados para confiar en una buena campaña sin regresar a Segunda División una vez más. Pero lo del Barça, bueno, lo del Barcelona tiene sus bemoles.
 
Los hechos en el fútbol, y en cada empresa que se mueve con intereses secundarios -y esto puede ser una familia, una relación de pareja, o una simple comunidad de barrio- deben tener, ante todo, un origen del problema de razonable detección para poder encontrarle una solución. De no ser así, este inconveniente no tendría garantía de arreglo puesto que se seguiría negando que algo está mal en la relación de las partes y el conflicto sería de casi imposible solución.
 
Partamos, en una hipotética búsqueda de lo que le ocurre al Madrid y al Barça en este caso, que ni los de Zidane se han olvidado de jugar al fútbol, y que menos aún los de Valverde. Como ya hemos tocado el primero de los temas, corresponde ahora hacer hincapié en la institución azulgrana e intentar deshilvanar esa otra maraña.
 
Las hipótesis varían según los comentarios de quienes los fundamenten, y para ser sincero mis argumentos me llevan a entender que existe primeramente un agotamiento mental en la gran mayoría del plantel culé. Estos chicos, a los cuales ya es obvio Ernesto Valverde no puede conducir desde la ausencia de autoridad con que se le ha ido castigando subliminalmente, están lejos del control que las circunstancias requieren.
 
Primeramente, y sin querer ordenar por categoría porque la importancia la va dictando el momento, el tema Messi es hoy parte de este ‘desaguisado’, se quiera o no aceptarlo. La llegada de Antoine Griezmann aún no tiene la autorización de los ‘popes’ del vestuario. La conducta de Josep Maria Bartomeu en este tema particular no ha sido digerida sanamente. Los celos entre algunos dividen más que unen, aunque se hagan oídos sordos en este capítulo. Los exigentes calendarios ya han hartado a casi todos, pero, el silencio permite cobrar los salarios, y fundamentalmente, el ‘Txingurri’ no es autoridad en el grupo de mando.
 
Finalmente, el resultado es esta pantomima de equipo que hemos visto en tierras andaluzas, que hemos señalado en Champions League, en la noche de Bilbao, y que viene haciendo acto de presencia desde Anfield Road, hace eclosión en Granada en esta triste actualidad que atraviesa el FC Barcelona cuando el tiempo se ha terminado para la clemencia.
 

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