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Martín Onti: El Bushidō de Take Kubo

No es común escuchar a alguien aceptar las culpas y continuar su camino como si nada hubiese ocurrido, menos aún si esta persona es un japonés. Pues las declaraciones post-partido de Takefusa Kubo, el delantero del Real Madrid cedido esta temporada al Mallorca, no podrían dejar de llamar la atención a nadie que conozca medianamente las costumbres de la sociedad nipona cuando, inconcientemente o no, se autoinculpó de haber cometido cierta traición al FC Barcelona.
 
El ‘Bushid¬ō’, que en la tradición oriental está considerado como un código ético que debe respetarse con lealtad y honor hasta la misma muerte, viene a significar para los japoneses que desde la época de los Samuráis, cuando estos juraban respetarse a sí mismos con el ‘Harakiri’ ante un acto de deshonor –un suicidio ritual conocido como ‘Seppuku’ en japonés- no había posibilidad de recuperar la pérdida de la respetabilidad sino a través de esta instancia límite y final.
 
Anoche en el Camp Nou, Take Kubo regresaba de la mano del Mallorca a la Ciudad Condal, y más concretamente a las instalaciones del club que le acogió cuando llegó de niño procedente del país asiático, sólo para ser abucheado por gran parte del público culé en señal de descontento con él, y en demostración clara de enojo con la actitud del ‘10’ bermellón al haber dejado a la entidad que le recibió y educó en La Masía para luego irse al adversario más temido, el Real Madrid.
 
Cuando preguntado, tras el partido, por su opinión personal acerca de los pitidos que bajaban de las gradas durante el juego cada vez que tocaba el balón, Takefusa no pudo contener una repuesta que le brotó desde esa esencia que sus antepasados en Kawasaki seguramente le inculcaron, y con un natural ‘creo que lo merezco’, continuó con la entrevista apenas con una simple excusa como argumento y sin el sustento moral que le defienda justificadamente como japonés. Algo incomprensible para cualquier nipón que se precie de tal.
 
Claro que hacer una salvedad corresponde, y no estaría de más, para comprender a Kubo. Fundamentar que el cambio de los tiempos en este mundo moderno, inclusive para el honor de los originarios del país del sol naciente, ha mutado desde la falta de respeto a la propia esencia de sus antepasados, debería ubicarnos en la adaptación de un niño, que lleva unos cuantos años en Europa, a una vida occidental que admite y permite el ultraje a fuertes y ancestrales códigos respetados en oriente.
 
Evidentemente, la reacción de Takefusa Kubo nos hace pensar, y nos conduce a entender, que el traspaso de las normas occidentales aceptadas para un ‘Gaijin’ –extranjero en japonés- en territorio europeo, han sido ya naturalmente asimiladas y abrazadas por el joven delantero del Mallorca.
 

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