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Martín Onti: Efecto Dominó

Martín Onti: Efecto Dominó

BARCELONA, España.- No vamos a recalcar lo que se dijo ya tantas veces. Sería inútil repetir que el mayor problema del preocupante nivel futbolístico que tiene el Barcelona desde la salida de Dani Alves, proviene de una falla de quien está encargado de conducir el sistema de juego azulgrana. Luis Enrique Martínez, su técnico, es el principal culpable de este estado de estancamiento por el que atraviesa el conjunto culé y nadie parece querer tomar nota de ello. 

Asumir desde la directiva lo que es obvio significaría un cambio de caballo a mitad del cruce del río y eso incomoda a los máximos popes de Can Barça. No es que no sea peligroso intentar una modificación en la cúpula técnica, pero, no hacerlo lleva casi irremediablemente a poner la suerte del equipo en las botas de Lionel Messi o Andrés Iniesta, en el equilibrio táctico de Sergi Busquets, la solidez sin exacerbo de Gerard Piqué, los sprints de Jordi Alba, un buen día de Neymar, o la puntería de Luis Suárez.

En la actualidad, este Barcelona se basa sólo en la memoria de movimientos de antaño y en este sentido los recuerdos se han agrisado. La ida de Alves a la Juventus no ha sido suplida convenientemente, aún así, no podríamos culpar a Sergi Roberto por aceptar el rol que se ha visto forzado a desempeñar a cambio de mantener un puesto en el once titular. Este es el punto neurálgico del grave problema que afecta al rendimiento del actual campeón de Liga.

Tal cual un efecto dominó, las piezas comienzan a caer desde el desequilibrio que nace en la banda derecha blaugrana. Allí se inicia el descalabro futbolístico que no tiene solución ante rivales que comprenden la falla en la esencia del juego de la escuadra de Luis Enrique y hurgan en esa herida.

Ante contrincantes de valía, todo se desacomoda desde ese sector. El defensa central derecho debe abrirse hacia la banda para cubrir tal abismo; el volante de esa zona queda atrapado entre defensa y ataque; Messi no tiene ni apoyo ni confianza como tenía con el lateral brasileño; y la descomposición del resto del equipo se desmorona a partir de entonces cuando el adversario se anima a plantarle cara rumbo a la portería de Ter Stegen, quien a su vez recarga la salida del balón sobre la zona izquierda, o el medio, tornando la antigua claridad en presentes tinieblas.

La culpa no la tiene Sergi Roberto que hace todo lo buenamente posible a su alcance para cubrir una posición que no es la suya, sino del encargado de proponer una mejor propuesta futbolística y así no depender de los salvadores tiros libres de Messi para sobrevivir.

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