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Martín Onti: Detrás de Cala y Diakhaby

No es la primera vez, y calculo que no será la última, que actos de desestabilización racista irrumpen tristemente en el fútbol. Lo de Juan Cala con el francés Mouctar Diakhaby en el pasado Cádiz-Valencia, ha sido junto a las opiniones de Pepe Reina y Roberto Soldado, el último hecho de un tópico preocupante que apoyamos camino a su defunción. El alcance del episodio tiene sus connotaciones impropias de este Siglo XXI en el que, sin embargo, hay quienes insisten en seguir avivando cada vez que pueden.

Adoptar una óptica sobre la política social en el deporte, en el ambiente del fútbol en este caso particular, significa poner en su verdadera perspectiva la idea de gente que si bien han nacido con un color de piel, en barrios humildes o en cunas de oro, no pueden ni deben ostentar una postura a favor o en contra de lo humano sin antes comprender quiénes son ellos mismos en realidad.

Por ser populares, nadie queda exento de desconocer los orígenes de tantos futbolistas que han pasado por LaLiga, por lo tanto el engaño no juega ningún papel en este apartado. La larga lista enrolada con el activismo desestabilizador como, por ejemplo, Salva Ballesta, Luis Figo, Pepe Reina y Roberto Soldado, se unen a otra cuantiosa lista de más precavidos personajes del balón que prefieren pasar más desapercibidos.

De tal forma, deberíamos preguntarnos en qué favorece entonces la toma de posiciones dentro de una diferencia social, racial y hasta política, sin buscar conveniencias. Déjenme decirles que las conclusiones no son esclarecedoras, sino tan grisáceas como las actitudes para con el prójimo de quienes despotrican con saña intencional en este aspecto.

Por ejemplo, en qué se favorece Luis Figo -portugués, de aparente intereses españoles- para irrumpir con comentarios impropios adonde no pertenece, sin que entendamos una conveniencia propia. Quién comprende a Pepe Reina viviendo en Italia y despotricando a la distancia contra el gobierno de su país donde él hace bastante no vive, ni adonde aporta impuestos que su carrera deportiva ha diversificado por el mundo. Qué decir de Roberto Soldado, que se pasea de manera impúdica por las autopistas españolas con sus coches de alta gama sin importarle la suerte de sus paisanos en tiempos de marcada crisis.

Creo que es tiempo que impidamos que todo este tipo de actitudes que poco tienen que ver con la esencia del fútbol, afloren en un partido donde un español y un francés deban enfrentarse por el color de piel diferente entre ellos. En su lugar, insistamos en que un acuerdo deba ser solidario con el prójimo para desenterrar lo inadmisible de nuestros días, eso es más valioso.

Martín Onti

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