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Martin Onti: Deshojando “La Neymarita”

En el centro de la tormenta trata de mantenerse incólume Neymar Júnior. Nada parece alterarle exteriormente cuando a muchos la situación les hubiese afectado de una u otra manera. Para poder tener una aproximada idea a su tórrido presente, es necesario hacer un sintético ‘racconto’ de su vida desde el mismo momento, o pocos días anteriores, a que dejara el Santos paulista camino a Europa.
 
Neymar terminó su periplo de extraordinario jugador el día en que su equipo brasileño perdiera en Japón la final del Mundial de Clubes ante aquel Barcelona de Pep Guardiola con Xavi, Iniesta y Messi como estandartes de una gloriosa época. Esa noche su vida cambió en una dirección desconocida para él y, lo que es peor, para su entorno inmediato.
 
Esa noche, en Yokohama, su aura de niño prodigio fue deshilachado no sólo por el 4-0 contundente que le propinó el Barça, sino también por una realidad incontestable entre el fútbol de un continente y el del otro. Desde entonces supo que para triunfar a lo grande, debía someterse a un ámbito de nivel superior y para ello, ser el ladero de un Leo Messi de proporciones magistrales que le permitiría aspirar a ser alguien en el contexto internacional. Can Barça esperaba en España, un nuevo mundo se abría a sus pies… y allí partió.
 
El capítulo europeo que siguió, fue, quizás, donde el cambio no pudo ser convenientemente asimilado no sólo por Ney, sino fundamentalmente por el núcleo de protección importante que significa tener buenos consejeros para un niño, para un muchacho que de repente descubre que la imaginación se convierte en realidad y que a esa realidad no es fácil conducirla dentro de límites cómodos y normales sin tener asentados los pies sobre tierra firme.
 
Para entonces, y con el tren en movimiento, quedó manejarse en la inercia del ida y vuelta por instinto. Acomodarse a un presente de urgencias sin reparos. Condicionar comportamientos erróneos a encubrimientos o sonrisas, dependiendo de a quienes iban dirigidos los mensajes. La improvisación nunca ayuda si la planificación no es la correcta, y así, se quebró la inestabilidad del sostén y Neymar Jr. comenzó a despedazarse en el trayecto de Barcelona a París.
 
Allí, justamente en la ciudad luz, la vida se le hizo noche cerrada al astro brasileño. El juego perdió seriedad, el nivel casero de la Ligue 1, con el debido respeto al fútbol francés, terminó de desmotivar el alma del fantasista en un juego de medianías. Lo que vino a continuación no es más que lo que todos someramente conocemos de él. Ese hombre, buscándose a si mismo desde la tristeza de su mirada, es hoy Neymar Júnior.
 
La vida siempre suele darnos ocasiones para reivindicarnos de errores que cometemos. El Real Madrid, o el Barcelona de nueva cuenta, podrían ser, si alguno de ellos finalmente se decide a comprarlo, ese último tren que pasa varias veces según el padre de Antoine Griezmann. En Ney está que lo aproveche o no.

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