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Martín Onti: Del "todo OK, José Luis" al "todo OK, Ignacio"

Cuando se confirmó la llegada del VAR al fútbol español, precisamente a inicios de la actual temporada, el lamento de los que viven de este deporte se transformó en una fuente de desconcierto. Tan patético entonces como ahora, a sabiendas que se sigue viviendo de la polémica -tecnológica esta vez- semana tras semana, las resultantes de su aplicación queda mucho más desnuda que antes.
 
Cada casa tenía sus sospechas que el perjuicio les tocaría de lleno y nadie se atrevía al llanto desconsolado con antelación, pero sí se cubrían, por las dudas, de las consecuencias. Los “grandes” porque serían descubiertos por la infalible denuncia de las imágenes, los “chicos” porque las mismas servirían como comprobantes de sus debilidades y los árbitros porque, en teoría, serían descubiertos en sus procederes.
 
Pues nada de esto se ha alterado. Las premisas continúan siendo las mismas a pesar de los miedos originales. El video arbitraje ha entrado en España y en todo el planeta futbolístico como una “post verdad” que será aceptada y transformada en una causal más, o principal como en estos días, para que el rating de los medios suba a niveles considerables.
 
Se multiplicaron los motivos para esa tertulia que devora horas de pasión en los estadios, en los bares, frente al televisor del sillón de cada hogar, en cualquier sitio de reunión donde sigan existiendo aficionados al fútbol. Simplemente porque proporcionalmente las ganancias se regeneraron en dividendos económicos tangenciales, el VAR es ahora el rey, porque no importan las consecuencias sentimentales.
 
Si algo faltaba para despertar el camino aletargado en el que de a poco se iba metiendo el fútbol en España, ese era el VAR. Y si no, que lo diga el interés de las audiencias que esta semana ha despertado la aberración cobrada, con apoyo de la tecnología, por el colegiado Ignacio Iglesias Villanueva en el Ciutat de Valencia, la cual es ya, increíblemente, parte de una aceptación general que la semana que viene pasará al recuerdo como lo hizo la actuación de José Luis Munuera Montero ante la Real Sociedad.
 
Quizás sólo quede para la anécdota el “todo OK, Ignacio” en respuesta a aquel “todo OK, José Luis’, que la sala de control les da para continuar el espectáculo. Munuera Montero tan a salvo como Iglesias Villanueva. Ninguno de ellos es el  principal culpable de lo que ocurre, más aún con dos súper clásicos seguidos a la vuelta de la esquina.
 
Martín Onti

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