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Martín Onti: De Azazel a Sísifo

Sólo cuando los problemas de fondo emergen en el FC Barcelona el centro de las culpas se enfoca en Lionel Messi. Los errores, las decisiones mal habidas y los malos resultados toman una dimensión subrepticiamente catastrófica cuando la entidad culé acerca miradas a un epicentro que salve a los verdaderos culpables. Es allí entonces cuando aparece la figura de Azazel rumbo al desierto judío.

No negaremos, de hecho lo hemos enfatizado en numerosas ocasiones, que el denominador común del Barça es el desdén. A sabiendas de esto, y sin exigir otra cosa de los que están allí para pensar, la directiva que encabeza Josep Maria Bartomeu no parece estar por la tarea de dejarnos saber que las neuronas de quienes deciden en el Barcelona, lo hacen apropiadamente… o sí.

Cuando no aclara, seguramente es porque oscurece, y en esta ‘puya’ todo lo que no sirve de solución suma a favor de la duda. La llegada de Quique Setién abre de nueva cuenta un debate de connotaciones diversas que, al margen del fútbol en sí mismo, deberían sernos útiles para salvar a aquel Azazel que el pueblo judío enviaba al desierto para salvar sus propios pecados.

Lionel Messi está destinado a ser el chivo expiatorio detrás del cual se esconden furtivamente los causantes de lo que viene ocurriendo en Can Barça desde hace un buen tiempo. A esas personas les queda cómodo señalar a ese alguien que tiene una ‘espalda fuerte’ basada en su calidad futbolística y su estoicismo para soportar castigos en lugar de hacerlo contra quienes de verdad se lo merecen. El capitán sólo calla y sigue.

Esa ‘personalidad’ de Messi es la tabla de salvación de muchos pecadores que se mueven entre las bambalinas del Camp Nou. De él se aprovechan los que no figuran más que en donde les viene bien hacerse notar. Gente que tira la piedra y esconde astutamente la mano. Esos que están demasiado ocupados en señalar lo que mejor se vende de cara a un público ansioso de amarillismo sensacionalista para evitar el pensamiento que les dejaría en evidencia.

Messi es sólo el ‘causante’ de ser el producto del contagio de su esencia en los débiles, sin enterarse de su malicia. Desconoce su ‘vileza’ y se protege inocentemente tras el balón. No es fácil ser lo que él no ha pedido ser, pero no se puede ignorar lo que en realidad es. Esto es lo que casi nadie en el estamento del ‘Més que un Club’ quiere entender y procesar, por más que no ignoren lo que sucede.

Azazel puede capitalizar culpas sólo una vez, pero no puede ser el Sísifo que subía una y otra vez a la cima empujando la pesada piedra a sabiendas de que volvería a hacerlo. Ni Azazel ni Sísifo tienen cabida en esta repetida historia por más que todo apunte para que así sea. Quizás Setién se haya dado cuenta.

Martín Onti

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