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Martín Onti: Comportamiento de líderes

Algún tipo de asociación es posible hacer entre líderes indiscutidos para llegar a una conclusión identitaria. El origen tiene una visibilidad clara y los detonantes rumbo al final también deben tener identificación que nos aclare un presente. De hecho, muy pocas situaciones quedan en las sombras como para no comprender el porqué de las cosas que suceden. 
 
Un denominador común ha amparado a los grandes caudillos del mundo para ser gestores de la historia. Adolf Hitler fue para la Alemania del Partido Nazi lo que Josef Stalin para el Partido Comunista soviético de las primeras décadas del siglo anterior. Ambos dictadores ejercieron un poder supremo que terminó por engullir sus personalidades en la distopia que no supieron presagiar.
 
No directamente por los mismos motivos, pero, con un similar resultado, Lionel Messi ha llegado en el mundo futbolístico a un punto en el que compararlo a dichos representantes del poder absoluto, nos pone en perspectiva la figura de un líder que llega a ser sobrepasado por las circunstancias.
 
Tal cual le ocurrió a Hitler y a Stalin, por suicidio uno y envenenado el otro, en que sus días finales no tuvieron la dicha que en apariencia brillaba durante sus apogeos políticos. Traspasados ciertos límites, ninguno de ellos pudo hacer nada para retomar ese dominio que fueron perdiendo y que les llevó al final de sus existencias, aunque no de sus imágenes que les persigue hasta el día de hoy, tal cual sucederá seguramente con Messi cuando muera su fútbol.
 
Sirviéndonos de la idea comparativa, sin cavar tan en profundidad, y sin hurgar demasiado en la diferenciada personalidad de ‘La Pulga’, este trazado de similitudes nos sirve para entender una postura, en el caso del capitán azulgrana, que deviene de la autoridad que un balón le ha otorgado a una persona no preparada para absorber la compleja presión de una época conflictiva.
 
El trasfondo es aquí el tratamiento de una situación delicada donde el núcleo de la temática debe contemplar a una humanidad enrevesada. El punto de comparación coincide siempre en el manejo del poder y como hacer para conquistar la satisfacción. Entonces es cuando las inteligencias, la cerebral innata y la emocional desarrollada, juegan sus respectivos papeles.
 
Lionel Messi, por ser un brillante jugador de fútbol, parece haber adquirido ese rol de liderazgo sin entender en su verdadera dimensión la proyección que sus actos proponen, sean estos de entusiasta gestión o de esa desquiciada parsimonia que últimamente demuestra ante el mundo entero sobre un campo de juego.

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